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21 febrero, 2021

Cuento: El pirata “Seis dedos” y el valiente leñador

     No sabemos cómo el pirata  “Seisdedos” localizó a Álvaro, el leñador. Quería tomar venganza porque su padre había sido encarcelado por el padre del leñador, por haber raptado a una niña del pueblo. Cuando desembarcaron los piratas, los vecinos tuvieron mucho miedo. Los bandidos raptaron a todos los niños y se los llevaron al barco, mientras su jefe encontró al leñador.

-Si quieres que los niños vuelvan con sus padres tienes que luchar contra mí y ganarme y después ir nadando al barco y traerlos. Nos iremos y no os molestaremos más.

         El valiente leñador tenía un inconveniente: no sabía nadar.

         Aquella noche nuestro héroe se aproximó a la orilla del mar y silbó una canción. Pronto apareció Coralia, su amiga la sirena.

-Hola, Álvaro, ¿qué puedo hacer por ti?

-El pirata “Seisdedos” ha secuestrado a los niños del pueblo y me ha dicho que para salvarlos tengo que ganarle en una pelea y luego llegar a su barco, y yo no sé nadar.

-No te preocupes que yo te ayudaré. Cuando le ganes te vienes a este sitio. Yo estaré escondida. Tú te subes encima de mí y te llevaré al barco.

         Al amanecer se enfrentaron los dos contrincantes. El pirata llevaba un puñal y una espada y Álvaro su hacha y una vara muy larga, que le dio la victoria por agotamiento de su adversario, ya que cada vez que “Seisdedos” se le aproximaba, Alvaro le apaleaba las piernas y le hacía caer al suelo. Lo hizo tantas veces que al final el pirata acabó exhausto y se rindió.

         Después, Alvaro llegó al barco con la ayuda de la sirenita y rescató a los niños. Pero hay más: Coralia había llamado aquella noche a los habitantes del mar y estaban esperando que “Seisdedos” volviera al barco para apresarlo a él y a los piratas y se los llevaron a una cárcel submarina para que jamás volvieran a molestar a nadie.

 

07 febrero, 2021

Cuento: El fantástico sueño de los primos: Aventuras de Quique y Nano en la selva.

Quique y Alejandro son primos que tienen casi la misma edad. Son familia porque la mamá de Quique y el papá de Alejandro son hermanos. A los dos les gustan mucho los animales. Desde pequeños han preferido los juguetes de animales y conocen muy bien los nombres de muchos de ellos, especialmente los dinosaurios.

Aunque estos primos viven lejos uno del otro -Alejandro vive en Córdoba y Quique en un pueblo de Granada- parece que tienen una comunicación telepática frecuente. Ved lo que les ocurrió un día.

-¡Hola, primo Quique! –gritó de alegría Alejandro, dándole un abrazo.

-¡Hola, Nano! ¡Qué alegría me da verte por aquí! ¿Y tus padres, donde están? Yo no sé dónde están los míos. Y estoy preocupado, tengo un poco de miedo.

-Yo tampoco sé dónde están los míos. Me he encontrado de pronto aquí contigo sin saber cómo. Yo creo que estamos perdidos. No te preocupes y vamos a explorar, a ver qué nos encontramos en este lugar tan bonito.

            No había terminado de hablar Alejandro cuando apareció trotando un hermoso caballo blanco que se acercó a ellos y comenzó a hablarles. Quique y Nano –que así llamaban familiarmente a Alejandro- se quedaron boquiabiertos y emocionados mirando con unos ojos muy grandes al caballo.

-¡Hola chicos! –les decía el animal mientras daba vueltas alrededor de ellos- ¿Qué hacéis aquí en este bosque fantástico? Si queréis os puedo subir encima de mí y os lo enseño. Ya veréis cómo os va a gustar esta visita.

-¡Si, si, vale! ¡Qué bien! –dijeron los  dos a la vez, aplaudiendo y dando saltos de alegría.

-¿Cómo te llamas? Yo soy Enrique y mi primo es Alejandro, pero nos llaman Quique y Nano.

-Yo me llamo Veloz –respondió el caballo mientras doblaba sus patas y bajaba su cuerpo al nivel del suelo para que los niños subieran sobre él.

            Una vez montados, Veloz comenzó a caminar despacio y poco a poco inició un trote que fue aumentando de velocidad y cuando iba a comenzar a galopar volvió su cabeza mirando a los niños y les dijo sonriendo:

-¡Agarraos bien y disfrutad! ¡No temáis por nada!

            De repente se le desplegaron dos alas y le apareció un cuerno en la frente. ¡Era un unicornio alado!

-Os voy a enseñar todo este parque desde aquí arriba, volando, porque es muy grande y si vamos por el suelo tardaríamos muchos días en verlo.

            Los primos estaban entusiasmados y felices. Reían de emoción ante la belleza de los paisajes que estaban viendo desde arriba.

-Mirad ese lago en el que nadan los cisnes y se duchan los elefantes. El agua es tan transparente que se ven los peces brillar al reflejarse el sol en la superficie.

-¡Baja, baja, que lo veamos de cerca! ¿Podemos hablar con ellos?

-¡Sí, claro! En este inmenso jardín todos los animales hablamos un idioma que entienden los humanos –dijo Veloz, posando sus patas en el suelo a la orilla del lago.

            Cuando los cisnes se dieron cuenta de la presencia de los visitantes, se aproximaron a ellos. Salieron del agua y los saludaron sacudiendo sus alas y abriéndolas a modo de saludo, mientras el elefante dejó de ducharse echando agua por su trompa y también se aproximó a ellos y les dijo:

-Hola Veloz ¿Quiénes son estos pequeños humanos que vienen contigo?

-¿Qué tal Eleuterio? -que así se llamaba el elefante- Ellos son Alejandro y Enrique, pero los amigos los llamamos Nano y Quique. Vienen de España: Nano es de Córdoba y Quique de Granada. Les estoy enseñando el parque. Son nuestros invitados.

            De repente comenzó a oírse un ruido muy grande que iba en aumento, como si se fuese aproximando a ellos. De pronto apareció por encima de las copas de los árboles la cabeza de un brontosaurio y los niños se asustaron y corrieron al lado de Veloz, pidiéndole que los defendiera, los subiera encima de su lomo y saliera volando.

-No os preocupéis –les contestó el unicornio- Paquitosaurio no es agresivo y es amigo nuestro. Ahora os lo presento. Ya veréis como viene acompañado de la jirafa Virginia.

            No tardaron en salir del bosque el dinosaurio y la jirafa saludando desde lejos a nuestros protagonistas. Momentos después apareció majestuosamente el Rey de la selva: un león muy grande y  muy bello que caminaba con orgullo moviendo su cabeza y meciendo al aire su larga cabellera.

            Cuando Leopoldo, el león, llegó donde estaban nuestros amigos, todos los animales se colocaron formando un corro alrededor de ellos y comenzaron a hacerles muchas preguntas: de dónde eran, si iban al colegio, si sacaban buenas notas, si tenían muchos amigos, cómo se llamaban sus papás, sus abuelos, sus primos; qué juegos les gustaban, si comían mucho… También los niños tenían mucho interés en conocer las vidas de aquellos animales y les hacían preguntas insistentemente.

            Al nombrar la comida, Leopoldo sintió cosquillas en su estómago y se le abrió el apetito. Dio un rugido muy grande e inmediatamente aparecieron cuatro grandes gorilas vestidos de camareros y le preguntaron:

-¿Qué desea, su majestad?

-Tengo ganas de comer y nuestros amigos también. Haced el favor de traer la paella con frutas tropicales que os dije que preparáseis para hoy y tened en cuenta que tenemos dos invitados.

-¡Arriba, dormilones! ¡Vamos a desayunar! Que hoy tenéis que ir a pescar con el abuelo.

            Era la abuela Maty que les movía las sábanas para que se despertaran. Alejandro y Quique comenzaron a desperezarse, se sentaron en las camas y se miraron uno al otro sonriendo, mostrando complicidad, como si quisieran comunicarse que habían tenido el mismo sueño. Estaban de vacaciones en la casa de los abuelos y dormían juntos en la misma habitación. En otra, al lado, se encontraban despiertas Rosa y Tania y ya se estaban vistiendo. A Álvaro, el más pequeño de los nietos, le gustaba dormir con los abuelos en su cama, en medio de los dos.

            Después de desayunar acompañaron todos al abuelo a la cochera, a recoger el coche para ir al campo, a la orilla del río donde lanzarían sus anzuelos para pescar. Como siempre hacían, convencieron al abuelo para meterse en el maletero e ir jugando por el camino, aunque viajar de esa manera no estaba permitido. Como el río estaba muy cerca podían ir por caminos de tierra por los que apenas había tráfico y no había peligro. Durante el recorrido, Quique y Alejandro le contaron a las primas Tania y Rosa y al primo Álvaro el sueño que los dos habían tenido.

-Hemos soñado los dos que nos encontrábamos en un bosque muy grande con árboles gigantes. Era como una selva y había muchos animales, grandes y pequeños, que hablaban con nosotros. Lo hemos visto desde el cielo, subidos en un unicornio que volaba y luego bajó al suelo y nos hicimos amigos de elefantes, cisnes, gorilas, peces, jirafas, un dinosaurio que se llamaba Paquitosaurio y más animalitos que obedecían al león Leopoldo que era su rey. Con esta conversación se les hizo muy corto el camino y llegaron enseguida a la orilla del río, donde disfrutaron pescando peces que tras acariciarlos y hablarles devolvían al agua.


06 febrero, 2021

Profecía cumplida: La Navidad y sus muertos (Artículo del Blog de Antonio Pintor, "El sembrador de ideas")

 https://elsembradordeideas.blogspot.com/2021/02/profecia-cumplida-la-navidad-y-sus.html?spref=fb&m=1

 Respuesta a Antonio Pintor:

 Apreciado Antonio, compañero:

Me ha encantado tu artículo, como todo lo que escribes. Estoy casi totalmente de acuerdo con lo que escribes, aunque disiento en alguna cosa, como es el hecho de que no conocieran lo que se nos venía encima. Si desde finales de diciembre la población general lo sabía, porque lo oían en los medios de comunicación. Es más, en Córdoba el 5 de febrero organizamos sendas conferencias-coloquio sobre el coronavirus nuevo tanto en la Real Academia como en el Rectorado, abiertas a la ciudadanía, en las que comenzamos a difundir conocimiento y prevención sobre este maldito virus. 

No puedo comentarte con la extensión que quisiera, pero reitero mi enhorabuena por el artículo y estoy totalmente de acuerdo contigo y con nuestro añorado y admirado Julio, en que la POLITICA ha perdido una oportunidad única y que esta enorme crisis en lugar de unir fuerzas, crecer en solidaridad, desechar sectarismos, incrementar el nivel de respeto a los demás, lamentablemente, como muy bien recordabais en el artículo que escribisteis los dos el 17 de mayo de 2020, nos ha vuelto a demostrar que “la política une y ciega”, esto es que nos engarza con los que piensan como nosotros y nos ciega (torpe y brutalmente, añado yo) ante los que piensan diferente. 

Es muy triste ver que mientras sufre y muere la población, los dirigentes y la oposición (a todos los niveles) emplean su tiempo en otras cosas que nada tienen que ver con lo que nos ocurre, dejando pasar el tren de la oportunidad -que siempre hay que aprovechar en las crisis- de llevar a cabo grandes proyectos en beneficio de la ciudadanía y de la Nación. Pero para eso es necesario que haya políticos de talla con formación, ética y espíritu de servicio a los demás.

Un abrazo y espero que pronto podamos encontrarnos.

 

 

30 enero, 2021

Dr. George Blog: Edad Dorada ... vive la plenitud

https://drgeorgeyr.blogspot.com/2021/01/edad-dorada-vive-la-plenitud.html


Edad Dorada ... vive la plenitud

 

Yo siempre he dicho que el ser humano debería trabajar hasta que se muera, eso es muy importante. Cual es la diferencia, es que llegado a cierta edad, tienes que bajar la intensidad.
En un libro que he escrito que se llama s que allí estaban operando a corazón abierto, y el estaba allí al lado y les daba consejos. Y  lo que más le gustaba era ir al día siguiente a hablar con los pacientes y les decía: Oye estuve en tu operación ayer... Y para los pacientes era un gran honor que le propio Profesor Michael DeBakey fuera a visitarlos. Y el les decía Me da mucho gusto verte, vas muy bien de la operación. Y eso lo hacía con 98 años. Y le preguntaban a la esposa del Dr. DeBakey: Como es posible que siga yendo al hospital?, Y ella dice: "Es que el dice que no se va a poder morir. porque la gente la necesita". Y en esa idea vemos algo muy interesante y es el pensar que yo tengo que estar bien porque le soy útil a los demás. Por eso es que pienso que cuando la gente que empieza con depresión y que a veces aceleran su muerte es cuando nos sentimos que estamos siendo excluidos, y nosotros mismos nos autodeterminamos. Por eso siempre hay que buscar como seguir siendo útiles a los demás. Y siempre hay que seguir haciendo lo que nos apasiona. Ayudar en una sociedad civil. Tu profesión. 

23 noviembre, 2020

La fuerza del destino

Principio del formulario

Cristina

I

Entró tímidamente en la consulta, pidiendo permiso. Su mirada se acompañaba de una sonrisa monalisina que denotaba preocupación. Le insistí en que tomara asiento, ya que la experiencia me decía que aquella chica quería contarme algo más que un simple dolor de garganta. No era la primera vez que escenas como aquella nutrían mi práctica profesional.

Cuando nos despedíamos, al terminar la consulta, le entregué las recetas, le alargué la mano y la mantuve estrechada mientras le hablaba mirándole directamente a sus ojos.

-Cristina, te conozco desde hace muchos años y estoy convencido de que tienes otro problema del que no me has hablado. Te quiero decir que me tienes a tu disposición  para lo que necesites y que me puedes llamar en cualquier momento con total libertad y  confianza.

-No, no, don Leandro. No quiero molestarlo más. De verdad que no tengo otro problema. Son cosas mías. Quede usted con Dios.

         Salió de la consulta con la cabeza agachada y no cerró la puerta, como hacía siempre manteniendo su mirada y sonriéndome.

         Volvió al día siguiente.

-Hola Cristina ¿No estás mejor?

-Sí, don Leandro, si lo estoy, pero es que no he dormido bien esta noche y estoy muy intranquila.

-¿Sospechas a qué es debido? ¿Te ha ocurrido esto antes? ¿Estás preocupada por algo?

         Sus respuestas fueron cortantes y evasivas como no queriendo sincerarse. Tras unos minutos en los que se alternaron períodos de silencio, tímidas sonrisas, muecas y miradas comprensivas mostrando sosiego, ocurrió algo que me indujo a cogerle las manos y mirarla a  los ojos que de golpe tomaron un brillo especial y comenzaron a derramar unas lágrimas que corrieron por sus mejillas dejando marcados sendos surcos en el maquillaje que embellecía su cara.

-Creo que estoy embarazada, don Leandro.

-¿Por qué lo crees, Cristina? ¿Te has hecho un test de gestación?

-No, pero sí hice algo hace unas semanas de lo que me arrepiento y avergüenzo.

-¿No será que tienes miedo y eso te impide que te baje la regla y creas que estás encinta?

         Se sorprendió por mi pregunta, me reconoció que tenía unos ciclos muy regulares y que llevaba más de una semana de retraso. Pero su preocupación y su angustia las motivaba el hecho de haber sido inducida por un chico que había conocido hace un mes, con quien una noche compartió cama acompañados por el alcohol.

-¿Qué será de mí? ¡Qué vergüenza cuando se enteren mis padres! ¿Qué voy a hacer ahora, si ni siquiera somos novios y apenas nos conocemos?

         La consulta se prolongó apareciendo más miedos, sentimientos, pesadumbre, pero también consejos, ánimo, apoyo y ofrecimiento para facilitar la asunción de aquella eventualidad por parte de sus padres.

         No volvió a aparecer por la consulta. De vez en cuando, conforme pasaba el tiempo, me preguntaba qué habría sido de ella,  cómo abordaría ante su familia el embarazo no deseado, cómo sería su vida ahora.

II

Claudio vivía en una pensión de Olivares, pueblo cercano a Sevilla adonde había ido a vivir después de conseguir trabajo en las obras de la Expo92 que comenzaban a ejecutarse. Lo llamé por teléfono para hablar con él y exponerle el problema que se nos presentaba. La mesonera descolgó el auricular y me saludó amablemente, pero al decirle con quien quería hablar, cambió de tono y refunfuñando se fue a llamarlo a su habitación.  Me pareció oírle decir entre dientes que aún no le había pagado las últimas semanas de estancia.

-Hola Claudio, tenemos que vernos ya que tengo algo importante que contarte.

-¿Qué pasa, quieres repetir lo que hicimos la última noche que nos vimos?

-Te espero esta tarde a las seis en la trasera de la iglesia. Adiós.

         Llegó veinte minutos tarde y ello me permitió volver a repasar y poner en orden lo que tenía que decirle. Apareció mostrando una sonrisa libidinosa a modo de saludo.

-Bueno, tía ¿qué es lo que quieres? ¿Para qué me has hecho venir?

-Tengo que decirte algo que no sabes ya que no nos hemos vuelto a ver desde la feria del pueblo.

-Bueno, tú dirás.

-¿Recuerdas lo que hicimos aquel día? O mejor lo que me hiciste.

-¡Como para no recordarlo! Una virgen no se pilla todos los días. ¡Qué! ¿Que no te gustó?

-Me engatusaste aquella noche, me convenciste para que bebiera, a pesar de haberte dicho que no me gustaba el alcohol; me sentó mal y me persuadiste para que fuera a tu pensión a recuperarme y no presentarme en ese estado en el cuartel. Estando en tu habitación, me entró sueño y me tumbé en tu cama. Recuerdo, como en sueños, que me desnudaste y que de repente sentí un dolor intenso que me despertó y vi cómo estabas encima de mí produciéndome más dolor e impidiéndome liberarme de ti.

-¡Qué buen rato! ¿Verdad?

-Buen rato para ti, porque lo único que sentí yo fue dolor y rabia. Pues que sepas que llevo dos semanas de retraso y que yo soy puntualísima con la regla. Me duelen los pechos y de vez en cuando tengo náuseas.

-¿Y qué quieres que haga yo? ¡Pues ve al médico!

-Ya he ido. Me ha hecho la prueba de embarazo y ha salido positiva. Estoy preñada.

-¡Claro, y yo soy el padre! ¿No?

-¿Quién va a ser si no? Era la primera vez que lo hacía y por la experiencia, te juro que no volveré a hacerlo en mucho tiempo.

-Pues yo no quiero saber nada. Así que tú te arreglas como puedas –me dijo con prepotencia.

-No es esa la respuesta que esperaba de ti. Pensaba que la noticia te importaría algo, que al menos te interesarías un poco por mí y por lo que viene de camino.

-Pues eso es lo que hay. Es tu problema.

-Me has demostrado lo que eres y me queda claro que con ese fondo que tienes no se puede construir una familia ni un futuro. Saldré adelante sola. En este momento se termina definitivamente nuestra corta relación. No vuelvas a dirigirme la palabra.

III

         Al salir aquella tarde de la clínica donde trabajaba como auxiliar, Cristina estaba decidida a contar a sus padres que estaba embarazada. Cuando llegó a su casa, Gregorio y Elisa estaban tomando el aperitivo, como solían hacer antes de cenar. Dejó las llaves en el taquillón de la entrada, al lado del tricornio, los saludó dando un beso a cada uno y se sentó frente al sofá que ocupaban sus padres.

-Tengo que anunciaros algo importante y os ruego que antes de decirme nada debéis saber que os quiero más que a nada ni nadie en este mundo, y que a pesar de que no os va a gustar lo que os voy a contar, os diré que estoy firmemente decidida a seguir adelante y a encarar con firmeza mi futuro.

-¡Esta hija nuestra se nos va de casa, Gregorio!

-Sí mamá, me iré si vosotros me lo pedís.

-Entonces ¿es otra cosa? –contestó Elisa.

         A partir de ese momento Cristina agachó la cabeza y comenzó a contarles su circunstancia, ante un silencio absoluto por parte de sus padres, que le escuchaban inmóviles y sin interrumpirla. Tras el relato de aquella mala experiencia, hizo una pequeña pausa, tragó saliva y no pudo terminar su exposición, ya que cuando iba a continuar pidiéndoles perdón por lo que había hecho y por haberlos defraudado, su padre se levantó de repente, se dirigió a ella y la abrazó, mientras Elisa, emocionada, rompía en llanto.

-Hija –comenzó a decirle Gregorio- sabes que soy persona recta y formal y que tu madre y yo te hemos educado como mejor hemos podido pero siempre basándonos en los principios de honradez, decencia, bondad y solidaridad con los más necesitados. Te hemos dado una libertad de la que nunca has abusado. Ni en esta ocasión podemos decir que lo hayas hecho, ya que has sido engañada y forzada por un desalmado que se ha aprovechado de ti, que aunque mayor de edad y responsable de tus actos, irradias pura inocencia. No tienes que preocuparte por nada relacionado con este embarazo. Vamos a estar siempre a tu lado y te vamos a ayudar y apoyar todo en lo que podamos.

IV

Aquel fin de semana Leandro decidió visitar la Expo92, que había sido inaugurada hacía pocas semanas. No tenía guardia y le apetecía tanto a él como a su familia conocer, por fin, lo que había oído de aquella monumental obra de extraordinaria extensión y organización; deseaba visitar pabellones y pasear por sus anchas aceras a los lados de amplias avenidas y extensas zonas verdes y arboledas, con un microclima especial para soportar el calor húmedo del Guadalquivir a su paso por Sevilla.

         Dentro del recinto ferial, tras informarse del procedimiento de visitas, comenzaron a recorrer pabellones. Cuando llegó la hora de comer, los niños llevaban un rato reivindicando su necesidad. Así que se dirigieron a pie a uno de los restaurantes cercanos al pabellón por el que comenzarían la visita de la tarde.

         Por el camino, le llamó la atención una pareja de jóvenes, embarazada ella, que llevaban de la mano a un niño que jugueteaba con el padre.

         -¿No es aquella chica embarazada que viene por ahí la hija de Gregorio, el guardia civil que se fue inesperadamente del pueblo hace cinco años?

         -Sí, se parece, pero no creo que sea ella. Estaba soltera cuando dejaron el pueblo. No ha pasado tanto tiempo como para casarse y de tener un hijo de esa edad.

         Habían transcurrido unos segundos tras cruzarse ambas familias cuando oyó su nombre y volvió la cabeza.

         -¿Don Leandro?

         -Sí. ¿Quién eres? –dijo simulando desconocimiento.

         Efectivamente el médico había acertado en el comentario que había hecho a su mujer sobre la identidad de la chica. Se saludaron e hicieron las presentaciones oportunas y como todos iban al mismo restaurante, Leandro propuso comer juntos y así ponerse al día.

Cristina apenas tomó bocado. No paraba de hablar. Estaba eufórica con el encuentro. Tenía que contarle a la persona a quien había confiado su secreto y que en su día se había ofrecido a ayudarla, que aquella consulta y sus palabras y gestos durante la misma, le habían servido de mucho para encarar su decisión y su futuro.

Les contó lo agradecida que estaba a sus padres por el sacrificio que habían hecho y por su comprensión. En el nuevo cuartel adonde su padre solicitó traslado, lejos de Olivares, fueron muy bien acogidos y se integraron pronto en el pueblo. Cuando nació Salvio se sintió muy arropada por las otras familias del cuartel. Poco a poco fue saliendo a la calle y aumentando su círculo de amistades. Un día apareció Jorge  y desde entonces no cesaron de surgirle buenas nuevas en su vida. Encontró trabajo al año de nacer el niño, se casaron poco después y se fueron a vivir a la casita de soltero de Jorge, donde pensaban permanecer algunos años y posteriormente se construirían otra más amplia. Su padre estaba a punto de jubilarse y tenían previsto quedarse a vivir cerca de su hija para ayudarle a criar a los niños.

Su marido había reconocido legalmente a Salvio y le dio sus apellidos. Intentaron darle una hermanita, pero en la última revisión el ecógrafo descubrió que era otro varón, al que le pondrán de nombre Alvaro.

Continuaron hablando sin preocuparse por el tiempo hasta que un camarero les indicó que ya era tarde y tenían que recoger las mesas para dejarlas preparadas para las cenas.

Se despidieron con la promesa de volverse a ver y Cristina regresaría con toda la familia a Olivares a enseñar a Salvio el pueblo donde fue concebido.


14 noviembre, 2020

Pasión por la escritura

 

Desde pequeño me ha gustado escribir. Comencé a hacerlo en el internado, rellenando las hojas de mi diario, narrando lo que me había sucedido durante aquella jornada. Conforme fui cumpliendo años, se fueron distanciando las citas y encuentros conmigo mismo.

Va pasando el tiempo y va aumentando mi edad, pero también voy teniendo experiencias, conociendo más personas, contemplando prodigios, viviendo emociones y siempre he deseado que llegara el momento en el que pudiera dedicar unas horas a mi persona para poder llevar a cabo muchas tareas que me gustan y hasta ahora no he podido dedicarme a disfrutarlas.

Como he comentado antes he tenido relegada la escritura durante años a una ocupación testimonial inversamente proporcional a la intensidad de experiencias que como médico rural iba teniendo. Me repetía continuamente que todas esas historias tenía que escribirlas para que sirvieran a los demás: mis compañeros y la población en general. Serviría para que mis jóvenes colegas recién terminada su formación conocieran la parte atractiva de la vida rural y  la convivencia directa con los vecinos durante una larga etapa. En mi caso he llegado a conocer –no simultáneamente- hasta siete generaciones de una misma familia: bisabuelos, abuelos, padres, paciente, hijos, nietos y bisnietos. Esa linealidad –como la llamamos los médicos de familia- en la atención a las personas y a la comunidad es muy satisfactoria y agradecida, así como sentir el cariño, la confianza y el reconocimiento de los vecinos es muy gratificante.

Cargar con la responsabilidad que supone la labor preventiva y de promoción de la salud empoderando a los ciudadanos enseñándoles a autocuidarse es muy importante. Que sientan seguridad en la confianza de que su médico está allí con ellos y que se preocupa no solo de su salud sino de otros factores que influyen sobre ella, como el medio ambiente, la herencia genética, la situación socio-económico-laboral de cada familia, el estado de ánimo, la educación, además del sistema sanitario.

Cada línea de las escritas más arriba va cargada de multitud de experiencias y anécdotas. Creo firmemente que narrándolas, mis jóvenes compañeros que terminan la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria se animarían a venirse a los pueblos, dentro de los cuales yo les recomendaría que escogiesen los más pequeños.

También serviría a los vecinos de estas poblaciones no solo a sentirse más protegidos sino también a concienciarse de aspectos desconocidos para ellos que compensarían necesidades no sentidas hasta que no se les ha enseñado la importancia de cubrirlas.

Todo lo dicho anteriormente, adornado de ejemplos de casos concretos que amenizarían y harían atractiva la lectura, escrito con sentimiento y cariño, se podría plasmar en una novela, que podría no ser original, ya que hay algunas similares ya escritas. Pero serían mis relatos, sería mi vida y la visión que tengo de ella y del sufrimiento y de la muerte. Aunque no sería las última. Muchas de las vivencias que narrara en esta primera, darían lugar a otras no menos atractivas.

07 noviembre, 2020

Camino del Examen de mi vida

 Aquel trueno fue muy oportuno. Nos despertamos sobresaltados, ya que el sonido del mismo y el resplandor del relámpago casi simultáneo nos asustaron. Nos llevamos otra impresión al mirar el reloj: se nos había olvidado programarlo para que nos despertara una hora antes de la habitual y ya pasaban diez minutos de ese momento.

Con el ruido de fondo de tormenta y el agua-viento castigando las ventanas nos vestimos con rapidez. Sin sentarnos, tomamos un café con un par de galletas. Saqué el coche y nos alejamos de la casa mientras veía por el retrovisor cómo se cerraba la puerta de la cochera. 

Ese día era muy importante para mí. De aquel examen-oposición dependía nuestro futuro.  Por eso había pensado levantarme con tiempo suficiente para recorrer tranquilo los ciento treinta kilómetros que separaban nuestro domicilio del lugar donde se celebraría la prueba.

El agua continuaba cayendo sin clemencia. La visibilidad estaba muy reducida. Conducía despacio y con mucha precaución. Aunque restaba aún tiempo suficiente para llegar a la hora del comienzo del examen, comencé a observar con inquietud el avance de los dígitos del reloj y a calcular. De repente un ruido extraño y continuado a la par que cimbreante me puso en alerta.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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