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12 agosto, 2012
30 septiembre, 2007
PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA FERIA REAL DE LA COLONIA DE FUENTE PALMERA, AÑO 2007
PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA FERIA REAL DE LA COLONIA DE FUENTE PALMERA, AÑO 2007, D. ANTONIO ROJAS MUÑOZ, a cargo del Pregonero del año anterior, D.
Ayer, lamentablemente, la Plaza de la Colonia se llenaba de personas para despedir a un joven colono que seguro estaba deseando que llegara este día. Con el dolor de su pérdida y renovando nuestro compromiso y nuestro apoyo y solidaridad a su familia, iniciamos estas tradicionales fiestas.
Si para mí fue un enorme honor dar el Pregón del año 2006, no lo es menos el ser el presentador del pregonero de las fiestas que hoy comienzan. No solo por la amistad que nos une, que me facilita el camino en los elogios que podría hacer de él, sino porque se trata de alguien que calladamente ha trabajado por esta Colonia y ha colaborado en su desarrollo. Y estas dos características, que son las que más se deben valorar a la hora de calificar la trayectoria de una persona, como son la humildad y la fuerza de voluntad, las tiene el protagonista de esta noche.
Cuando llegué a Fuente Palmera, unos años después, no tardamos en conocernos y en entablar una amistad que perdura en el tiempo. Nuestros hijos crecieron juntos, nuestras esposas se llevan tan bien que hasta se llaman igual, Matildes. Por lo tanto, elogiar su figura por mi parte puede tender a ser un poco subjetiva. Por ello, voy a intentar no caer en esa falta, con la ayuda de algunas citas de Pablo Iglesias y de Gregorio Marañón.
Para ser un buen maestro, no es necesario enseñar muchas cosas. El gran maestro, quizá, enseña pocas cosas o las enseña envueltas de una prudencia tal que no quedan adheridas a la mente del discípulo, sino que, después de posarse en él como el suave contacto de una pluma, parecen otra vez volar. Este maestro, el verdadero, no aspira a que nadie piense como él. Lo que quisiera es que por medio de su enseñanza, su pensamiento se transformase en otro pensamiento al pasar por la mente de su discípulo. Su mayor cuidado es conservar la personalidad de los que le siguen o, cuando no existe esta, crearla. Y la personalidad no se concibe sin originalidad, aun cuando pueda y deba nutrirse de la experiencia de los que le precedieron.
Don Antonio Rojas, este próximo curso no estará en nuestras aulas. Se va a Córdoba, pero no nos abandona. Su obra queda entre nosotros. Seguiremos recogiendo los frutos que nos traerán nuestros hijos y nuestros nietos.
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