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11 octubre, 2020

La casa de los amigos de mis padres

 

Nuestros padres nos llevaron a casa de mi amiga Angie que vivía en el campo. Nos gustaba ir porque alrededor de la misma había una viña y en esos días, podíamos probar las uvas, ya que estaban en plena recolección de las mismas. Además nos gustaba ver cómo las cogían y ayudábamos a hacerlo.

Aquel día entramos directamente en casa, ya que había tormenta y llovía. Ya dentro de la casa nos alegramos al percibir nuestra nariz el olor a bizcocho que estaba elaborando Enriqueta. Entramos en la cocina a saludarla y nos indicó que pasásemos a las habitaciones del servicio a hacer lo mismo con los demás trabajadores. Allí nos encontraron nuestros amigos Angie y Juanjo con quienes nos fuimos a jugar al cuarto de los juguetes, que lindaba con una salita donde estaba mamá y Lourdes. Al fondo, al lado de la cocina, estaba el comedor y frente a el estaba el salón donde me asustaba entrar, ya que colgaban de sus paredes muchas cabezas de animales.

Luego, los niños, nos subimos a la planta de arriba a observar detrás de los cristales de las habitaciones los relámpagos y oír los truenos.

La casa de nuestros amigos

 

La casa de nuestros amigos Fernando y Lourdes estaba en una rodeada de vides, aquella tarde mojadas por la lluvia, que despedían un olor que evocaba muchos recuerdos. Conforme nos acercábamos a la enorme puerta del caserón sufríamos la aspereza de las piedras del suelo, en las plantas de nuestros pies.

No había subido nunca a la planta de arriba. Sí conocía la bodega, que ocupaba todo el sótano de la vivienda. Allí reposaba el vino de cosechas anteriores, en ciento cuarenta barricas de madera.

Aquel día sugirió mi amigo subirnos a la biblioteca, ya que ni en la bodega ni en el salón de la planta baja había luz suficiente debido a la oscuridad que producían las nubes de la tarde. Conocimos así las seis habitaciones con cuarto de baño, así como la biblioteca, repleta de libros antiguos y una vieja gramola que aún sonaba.

En la planta baja, emanando característico olor a especias, se encontraba la cocina, las habitaciones del servicio y un amplio salón ornamentado con los trofeos de caza de Fernando, así como una pequeña sala de cine, una salita para las féminas y el comedor  donde probamos, como siempre, el sabroso bizcocho que elaboraba la chacha.

20 agosto, 2020

Verano especial

 Aquel verano fue especial. No disfrutó del automóvil de su padre y no subió al campanario a llamar a los feligreses, pero fueron unas vacaciones inolvidables. Sus primos lo habían invitado a su finca para ayudarles en las labores del campo. Había estado allí en otras ocasiones, pero nunca durante 15 días como ahora. Se levantaba al amanecer y ayudaba a sus primos: Aprendió a ordeñar cabras, a segar el trigo, a trillar en la era y a hacer pacas de paja. Sudó, sintió la sed y el picor producido al mezclarse sudor y polvillo de la trilla, pero también la satisfacción y el placer del baño en las lagunas que en verano dejaba el río cuando disminuía su caudal  interrumpía su cauce. Después leía hasta que se ponía el sol y el negro discurrir de la noche se aliviaba con la luz de un candil de aceite.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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