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13 julio, 2018

Pregón de la Feria de Ochavillo del Rio 2018

Pregón de la Feria de Ochavillo del Río, dado por Dr. Bernabé Galán Sánchez, la madrugada del día 12 al 13 de Julio de 2018.



Buenas noches, queridas ochavilleras y ochavilleros; colonas, colonos, emigrantes que volvéis a vuestras raíces a disfrutar unos días saludando, conviviendo, recordando, añorando vivencias, aventuras, amoríos, juventud… Todo ello nos hace sentir bien, como si el tiempo no hubiese pasado.
Estamos hoy aquí para pasar un rato agradable y recordar momentos con el deseo de pasar esta Feria “de sombreros” con salud, alegría, amistad, concordia y solidaridad, que son características que nos definen a los colonos y especialmente a las ciudadanas y ciudadanos de Ochavillo.
No puedo expresar con palabras la emoción que siento por ser el pregonero de estas fiestas, a la par de una enorme satisfacción y reconocimiento por ello. Tengo que agradecer al Consejo Local y a la Comisión de Festejos que pensaran en mí para concederme este honor, pero especialmente a nuestra Alcaldesa Aroa Moro y a Quique González que fue quien directamente me lo propuso.
Y he dicho NUESTRA ALCALDESA, porque al igual que me siento Colono en general, individualmente y a la par, me siento también Ochavillero, Carretereño, Cañetero, Ventillero, Villarengo, Villalonero, Herrerieño, Peñalosero  y Silillero.
Llegué a La Colonia, yo diría que por equivocación, gracias a una información equivocada que recibí de alguien que no me conocía bien. Pero gracias a esa equivocación estoy aquí, desde hace 38 años y hoy en Ochavillo, me encuentro satisfecho y feliz y creo que gozo del mismo cariño de los colonos como el que yo les tengo y entrego.
Cuando conocí que venía destinado como Médico Titular a Fuente Palmera, comencé a interesarme por su historia, por su gente, por su estructura social, económica y cultural, por sus comunicaciones,… en fin, comencé a impregnarme de la esencia de La Colonia.
Fue precisamente aquí, en Ochavillo, donde me estrené haciendo mi primera visita domiciliaria. Aquí comencé a sentir la humanidad de los colonos, la calidez de su contacto y la nobleza de su espíritu. Aquel lunes, 17 de noviembre de 1980, mi primer día de trabajo en aquel consultorio pequeño y antiguo, al lado de la Plaza de Fuente Palmera, como todos los lunes, estaba a rebosar de personas venidas de todas las aldeas, que más que al médico, acudían al mercadillo que  se montaba en los alrededores del ambulatorio, y de paso pedían cita para el médico. Bueno, pues así fue mi debut pasando consulta, que como era de esperar terminé bastante tarde. Comenzar a conocer a mis nuevos pacientes y recibir el saludo afectuoso de bienvenida y cariño de todos desde el primer momento (aún me emociona su recuerdo) y otros factores más, tuvieron mucho que ver con ese retraso en la consulta. Cuando terminé, el señor que daba los números de orden para entrar, el “Niño del Huerto”, me comunicó que tenía un aviso a domicilio en Ochavillo del Río. Salí a la deriva porque no me había enterado bien del camino a tomar y en la esquina de Los Carrolos, me encontré un señor mayor que apoyaba sus codos sobre la señal que indicaba el camino hacia Posadas y le pregunté: “Amigo, por donde se va a Ochavillo del Río”. A lo que él rápidamente me contestó: “¡Hombre, ese es mi pueblo! Si quiere me voy con usted y le enseño el camino”. Le agradecí su gesto y durante el trayecto comenzamos a hacernos amigos. Me dijo que él se llamaba José Adame Expósito, pero que le decían “Flequillo”.
El aviso era en la casa de Salvador Becerra, “El Rondeño”, que vivía en la calle Coronel Cascajo, 9 (hoy Calle Norte). Me recibió su esposa Concha Moreno y sentado en una silla, con una cuchara en la mano, tocando sobre la mesa a modo de tambor, estaba uno de sus hijos, que también se llamaba Salvador. Hace pocos días, en mi consulta, le comenté a una bisnieta del “Rondeño” que la primera visita domiciliaria que hice en La Colonia fue a su bisabuelo.
El Bar de Ricardo estaba cerca y el amigo “Flequillo” que me había esperado allí, me invitó a tomar una copa, para que viera que en su pueblo vendían buen vino. Había otros bares en aquellos tiempos, como el del “Cantinero”, el de Juan Antonio Reyes “El Penas” y el de Dámaso, que yo recuerde. Para la juventud, nuestro “camarada” Ricardo había montado un pub en un salón del bar de su padre, que fue pionero en la comarca, antes incluso que el Lord Byron de Palma del Rio. Otros pubs, ya posteriores fueron el Snoopy, de José Manuel Delgado Hilinger, “Pancho” que era referente en toda La Colonia y el del “Vaquerillo” al lado del bar de Pepe  Jiménez que con sus brochetas llegó más tarde.
Siempre digo y repito que desde el primer día me fascinó la idiosincrasia de La Colonia y de los colonos y su enorme calidad humana y aquello me impactó de tal manera que desde el primer momento me propuse permanecer entre vosotros y trabajar por La Colonia, pensando no solo en aquel presente, sino en el futuro, de manera que lo que planeara hacer, lo haría con la intención de que perdurase en el tiempo y fuese de provecho para nuestros descendientes.
El moderno plan de regadíos que se iba a poner pronto en marcha iba a suponer un cambio drástico a la situación de pobreza socio-cultural y económica que sufría nuestra Colonia y había que prepararse para ello. Fui consciente que había una misión que llevar a cabo y que yo podía ayudar, especialmente en el tema socio-sanitario y educativo. Hice un estudio sobre la situación sanitaria de La Colonia, que incluía aspectos históricos, culturales, sociales, laborales, económicos, geográficos, urbanísticos, de comunicación, etc. y elaboré un proyecto planificando la sanidad colona que llevé a la Consejería de Salud en 1982, acompañado del entonces Alcalde Antonio Díaz. Aquello sirvió de base para llevar a cabo la Reforma Sanitaria en La Colonia de Fuente Palmera. Se creó una nueva plaza de Médico y enfermera en Fuente Carreteros en 1985 y comenzamos a venir los Médicos y enfermeros a pasar consulta a Ochavillo y a la Cañada, hasta que el 1 de junio de 1994 se puso en marcha la Reforma Sanitaria en todo el municipio, poniéndose en funcionamiento el consultorio de Ochavillo del Río con médico y enfermero asignados a tiempo total.  Haciendo comparaciones, antes y después, tengo que recordar ahora, a Anita Reyes “Anita la de las inyecciones” que antiguamente hacía las veces de practicante.
Muchos de los recuerdos que rememoraré en este pregón, con nostalgia, entusiasmo e ilusión, exaltando a Ochavillo y a sus gentes, saldrán de los muchos artículos que escribí en los periódicos provinciales La Voz de Córdoba y Diario Córdoba y en El Colonial, difundiendo o denunciando hechos en los que este pueblo se veía afectado. Las actividades que se realizaban y las movilizaciones que se promovían, siempre en busca de mejoras necesarias, sus problemas, sus acciones, sus levantamientos o sus consecuciones fueron conocidos ampliamente en nuestra provincia.
Los contínuos cortes de luz debido al pésimo suministro eléctrico que proporcionaba la Compañía Sevillana de Electricidad, llegó al colmo de la indignación a finales de los 80 y principio de los 90 y por fin se consiguió que Sevillana se comprometiera a solucionar definitivamente el problema,  mejorando la red eléctrica.
También hubo que salir a protestar por el estado de las carreteras de La Colonia. Gracias a las movilizaciones, aquellos infames caminos llenos de baches, mejoraron el firme, se ensancharon y se hicieron más seguros.
A los médicos nos unía una relación especial con los taxistas de las aldeas, ya que al no disponer entonces de ambulancias, eran ellos quienes llevaban los pacientes al Hospital en circunstancias urgentes. En aquel tiempo era taxista de Ochavillo, “Paco el taxista” o “Paco el de Aguedita”. Agueda, su esposa, era hija de un antiguo alcalde,  que siempre lo consideré un hombre sabio y ecuánime y que se llamaba Antonio Sánchez. Hablando de conductores tengo que recordar a un Silillero que se casó con una ochavillera y que conducía la catalana. Me estoy refiriendo a Manolo Dugo y Mari Cruz Rossi.
Ochavillo destaca en la organización de eventos culturales y educativos. Recuerdo aquellas primeras Jornadas de Cultura Popular, organizadas por Quique González Mestre y José Luis González Castell en la entonces llamada CASA DE LA JUVENTUD. Sobre ellas escribí en Diario Córdoba el 25 de mayo de 1982 y como se repetían cada año, volvían a aparecer en la prensa provincial y en El Colonial. Éramos colaboradores habituales, además de los organizadores nombrados, Paco López de Ahumada, Rafa Yuste, Miguel Ángel Ibáñez, Manolo Dugo, Joaquín Casado, Manolo García Reyes, María Isabel García Cano, los hermanos González Mestre, Nemesio Álvarez, María Luisa Pérez Berner, Ramón Guisado, Manolo Morales, Jaime Loring, Manolo López Calvo, Antonio Vega y otros muchos que encantados participábamos en las mismas. Incluso se proyectaron películas como “Cría cuervos” de Carlos Saura y “Pinacenda” del abogado cordobés Juan José Sarazá y que fue rodada en nuestra Colonia.
Recuerdo con ilusión la organización cada año de las Olimpíadas Escolares en las que participaban niñas y niños de todos los Colegios de La Colonia, en las que se estimulaba la integración y conocimiento mutuo y se reforzaban los lazos de unión entre nuestros pueblos. Las primeras se celebraron en Ochavillo, ya que fue de su comunidad educativa de donde partió la idea, capitaneada por el maestro Don Lorenzo Linares. Por aquel entonces vivían en Ochavillo, además de Lorenzo, otros maestros como Paco García, que luego fue Director del García Lorca, su esposa, José Antonio Villena y Leli Carrillo que era la Directora y algunos más. No llegué a coincidir con otros anteriores, como Francisco Tubío y María Isabel García Cano.
 Hay costumbres en Ochavillo que no se olvidan y que se mantienen año tras año. Tal vez sea el pueblo de La Colonia que más tradiciones mantiene. La Gran Batalla de la harina, el miércoles de Ceniza, día en que el pueblo, calles y personas, se visten de blanco no librándose nadie de ser enharinado. Los arrastralatas, el quemar al Judas, el pintarramos, y qué decir del Carnaval, en el que las chirigotas de Ochavillo son famosas porque siempre resultan ganadoras en los concursos a los que se presentan. Es de justicia recordar a Joselín Mengual, a Ventura Moro,  a mi compañero médico Antonio Delgado “el Rubio de Tomás”, al “Pirolo”, a Rafael Guisado “La Kabra”, a Paquito “de la Morena”  y a los Arriaza, padre e hijos Rafa, Paco “el Seco” y Antonio, que además de comparsista, como político, ha hecho mucho por Ochavillo y por La Colonia. Una nueva generación de chirigoteros jóvenes están tomando el testigo de los antiguos y son de destacar Juan Manuel Moro “el Wiches”, José Rossi “el Niño del Pichi” y Paco Rodríguez Crespo.
Y de la Feria, ¿qué decir? Recuerdo que nos gustaba ir a todas las ferias,  y cuando nuestros hijos salieron salieron de la edad de los caballitos, iban ellos solos de feria en feria y nos decían que como la feria de Ochavillo no había ninguna.
 También he venido, en algunas ocasiones, a la Fiesta del Emigrante, teniendo la oportunidad de saludar a colonos que tuvieron que salir a buscar trabajo y que vuelven a su pueblo por estas fechas. Nombres como Rafael González Castel “Pireo”, Miguel Bolancé “Miguelón”, Alfonso Garcia “Alfonsillo Pistones”, Juanito “Piobas”, Matías González García, Carmen Sanz Castel, son nombres de personas que asiduamente acudían a este encuentro tan emotivo.
Con añoranza recuerdo las ocasiones en las que íbamos a pescar y pasar el día a orillas del Guadalquivir a su paso por Ochavillo. Tomábamos un sendero que salía de la curva que hay al final de la cuesta camino de las barrancas del rio. Mis hijos disfrutaban del campo a la orilla del Guadalquivir, pendientes de las cañas que habíamos lanzado con la intención de pescar.
Guadalquivir, Gran Río, Gran Rey de Andalucía, como dijo Don Luis de Góngora y fuente de riqueza para nuestra Colonia, que digo yo. Precisamente gracias al Guadalquivir, 1983 fue un año importante para nuestro pueblo, ya que en su primavera se pusieron en marcha los riegos, que iban a transformar drásticamente la vida de los colonos. Era el sistema de riego más moderno que existía entonces en Europa, y Ochavillo del Río jugaba un papel fundamental en su funcionamiento, ya que en su delimitación se encuentra la estación de bombeo desde donde se eleva el agua de nuestro río a 74 metros de altura, para luego repartirla por toda la zona regable.
La vocación autonomista Ochavillo culminó, tras un largo periplo judicial, el 5 noviembre de 2009 constituyéndose ese día en la Diputación su primera Comisión Gestora, tras ser declarada Entidad Local Menor por Decreto de la Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía de fecha 23 de junio de 2009. Aquella Gestora estaba integrada por Antonio Mengual, como presidente y Aroa Moro, ambos de IU, Mariano Hens y Mónica Mengual por el PSOE, y Rafael Pérez por Olivo.
En el aspecto religioso hemos de recordar que esta feria tradicionalmente se ha organizado en honor de la Virgen del Carmen. Hay otras manifestaciones religiosas como las procesiones y en especial las de Semana Santa, que con la sencillez propia de un pequeño pueblo se saca al Cristo de la Clemencia y a la Virgen de los Dolores.
En este recorrido por la memoria histórica de mis años en contacto con Ochavillo del Río he ido nombrando a muchas personas y quiero pedir disculpas por aquellas que olvido, que serán muchas, pero quisiera en estos momentos rememorar a algunas más como ejemplo del cariño que tengo a este pueblo, aunque algunas, ya no se encuentren entre nosotros.
Recuerdo, al “Chico Matías”, padre de amigos como José Luis y Matías González Castel, Los “Piobas” padres e hijos Tomás, Manolo, Julián y Pepe, Conchita “la del teléfono”, su hijo José Antonio “Correcaminos”, Julia Montero,  madre de los Arriaza, Manolo Hilinger “el Muñequero”,  Antonio Alférez Díaz “El Sota”, Salvador Cámara y su esposa Benilde Crespo, Lola Mohedano, Adolfo Núñez, Victoria Arriaza, madre de Isidoro y Joaquín, con quien me comunicaba con mi emisora de radio, Josefa Alegre, Ricardo González y Belén Mestre y sus hijos Ricardo, Manolo, Juan “el Bujías”, Quique, Sensi, Belén y María José, Anita “la Perdigona” y sus hijos Alfredo y Pedro Sánchez y su tío “Machín”, Juan Navarro “El Pilas”, Mercedes Maestre y José Herrera,  Nazario Crespo, su hija Mari Carmen que se casó con José Luis Segovia y su nieta Beatriz, Fisioterapeuta en mi Centro Médico, Paco Rivas, electricista, y su hermana Amelia, Psicóloga, Gabino Mengual, “Los Polos” Hipólita María y Juan Saavedra y sus hijos, Josefa Rubio “la del Pariente”… Pero en los últimos tiempos, quien más hondo me ha calado ha sido Pepe (Joselín) Navarro Reyes, cocinero de la Guardería Municipal de Fuente Palmera, por la amistad y cariño que ha tenido siempre con mi nietecita Rosa, quien desde que tenía 6 meses, le encantaban sus comidas y comenzó a tenerlo como referente a la hora de comer.
Quedaría por completar una larga lista de personas, cuya imagen se mantiene tenuemente en mi memoria, ya que perdí el contacto frecuente con ellas a partir de 1994 cuando dejé de ser Médico de Ochavillo y otros cogieron mi relevo. Estos han sido: Pascual Ponferrada, que fue el primer médico asignado a este pueblo, Curro Spínola, Magdalena González Tirado y ahora José Luis Bernal. También recuerdo con cariño a los dos enfermeros que habéis tenido hasta la fecha, los dos Pacos, Paco Carmona y ahora Paco Fernández Segura. Y no podemos olvidar a Dámaso Guisado, que ha colaborado eficientemente en el consultorio durante muchos años.
El preparar un pregón te hace recordar muchas ocasiones vividas con vosotros durante estos 38 años de mi permanencia en La Colonia: Unas buenas y otras no tanto. Mi intención es seguir aquí al menos 100 años más. Por eso tenemos que seguir mirando al futuro positivamente y construyendo firme para poder llegar lejos. Siempre he considerado a Ochavillo como un pueblo con objetivos claros y que es consciente del poder y la fuerza que proporciona la unión, la solidaridad y el inconformismo ante la desigualdad. Pero ahora lo que toca es pasar una magnífica Feria y olvidar  las preocupaciones. Recobrad fuerzas para seguir siendo como sois, mejorando día a día. Os animo a seguir así y os deseo salud, prosperidad y trabajo.
Un fuerte abrazo. Muchas gracias. ¡¡Viva Ochavillo  y viva La Colonia!!

30 septiembre, 2007

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA FERIA REAL DE LA COLONIA DE FUENTE PALMERA, AÑO 2007

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA FERIA REAL DE LA COLONIA DE FUENTE PALMERA, AÑO 2007, D. ANTONIO ROJAS MUÑOZ, a cargo del Pregonero del año anterior, D. Bernabé Galán Sánchez.

Buenas noches. Bienvenidos. Gracias por estar aquí. Con vuestra presencia, esta plaza se engalana aún más y se respira un aire de mayor compromiso, libertad, solidaridad, apoyo y ganas de que comiencen las fiestas.

Ayer, lamentablemente, la Plaza de la Colonia se llenaba de personas para despedir a un joven colono que seguro estaba deseando que llegara este día. Con el dolor de su pérdida y renovando nuestro compromiso y nuestro apoyo y solidaridad a su familia, iniciamos estas tradicionales fiestas.

También va siendo tradición en los últimos años, el hecho de que la presentación del Pregonero de la Feria Real de la Colonia corra a cargo de la persona que glosó el Pregón el año anterior.

Si para mí fue un enorme honor dar el Pregón del año 2006, no lo es menos el ser el presentador del pregonero de las fiestas que hoy comienzan. No solo por la amistad que nos une, que me facilita el camino en los elogios que podría hacer de él, sino porque se trata de alguien que calladamente ha trabajado por esta Colonia y ha colaborado en su desarrollo. Y estas dos características, que son las que más se deben valorar a la hora de calificar la trayectoria de una persona, como son la humildad y la fuerza de voluntad, las tiene el protagonista de esta noche.

Más de dos terceras partes de la vida de Don Antonio Rojas Muñoz han transcurrido en Fuente Palmera. Aunque nació y creció en Montoro, llegó a nuestra Colonia, hace 35 años. Aquí formó su familia: se casó y nacieron y crecieron sus hijos Antonio y Eva.

Cuando llegué a Fuente Palmera, unos años después, no tardamos en conocernos y en entablar una amistad que perdura en el tiempo. Nuestros hijos crecieron juntos, nuestras esposas se llevan tan bien que hasta se llaman igual, Matildes. Por lo tanto, elogiar su figura por mi parte puede tender a ser un poco subjetiva. Por ello, voy a intentar no caer en esa falta, con la ayuda de algunas citas de Pablo Iglesias y de Gregorio Marañón.

De los 35 años que ha estado entre nosotros, Antonio Rojas, ha desempeñado su misión 8 años en el Colegio Público Purísima Concepción, y los últimos 27 trabajó en el Colegio Público Federico García Lorca, despidiéndose como Director del mismo, cargo que ha ocupado durante 11 años ininterrumpidos.

Como persona comprometida con la sociedad trabajó también como Concejal durante una legislatura en nuestro Ayuntamiento. Desde que lo conozco he apreciado en él la fidelidad a una misma conducta. Pienso que quien defiende una idea, puede equivocarse o estar equivocado. Pero quien es fiel a una conducta, a través de las ideas, podrá ser alabado o perseguido, pero no se equivocará jamás. Pienso que todas las ideas políticas son buenas, pero han de tener dos condiciones: una es que han de ser profesadas con desinterés y la otra es que nunca deben servir como pretexto para quitar ni un ápice de libertad a nadie.

Don Antonio, como maestro de verdad, ofrece a sus alumnos la lección de saber andar con responsabilidad por la vida. Esa vida que debemos a nuestros padres, y que es fruto de unos minutos de frugal pasión. Sin embargo el maestro, que no nos ha dado la vida, lo que nos da es una entrega consciente, desinteresada, con una generosidad que no se puede medir. Los padres, en nuestro infinito amor a nuestros hijos, lo que siempre pedimos o exigimos que al menos, alguna vez, una parte de nuestra ternura, nos sea devuelta con la misma moneda de amor. El maestro, sin embargo, no pide nada a cambio de todo lo que da. Todo lo que ha aprendido en las largas noches de esfuerzo, todo lo da en un instante, a quien se lo pida, sin preguntar quien es, sin conocerle, sin pedirle nada a cambio.

Hay tres categorías de maestros. Unos, los peores, que no enseñan nada; otros, medianos, que enseñan lo que saben; y por último los que enseñan, no las cosas que saben, sino los modos de aprender las cosas necesarias para desenvolverse en la vida; y estos, sin duda son los mejores.

Para ser un buen maestro, no es necesario enseñar muchas cosas. El gran maestro, quizá, enseña pocas cosas o las enseña envueltas de una prudencia tal que no quedan adheridas a la mente del discípulo, sino que, después de posarse en él como el suave contacto de una pluma, parecen otra vez volar. Este maestro, el verdadero, no aspira a que nadie piense como él. Lo que quisiera es que por medio de su enseñanza, su pensamiento se transformase en otro pensamiento al pasar por la mente de su discípulo. Su mayor cuidado es conservar la personalidad de los que le siguen o, cuando no existe esta, crearla. Y la personalidad no se concibe sin originalidad, aun cuando pueda y deba nutrirse de la experiencia de los que le precedieron.

Este modelo de Maestro, del que es representante Antonio Rojas, ha proliferado en nuestra Colonia. Tenemos que estar orgullosos de ellos. Vienen a mi mente numerosos profesores que se han dejado y se siguen dejando la piel en las aulas de nuestros colegios trabajando para proporcionar herramientas a nuestros jóvenes para que con ellas puedan afrontar dignamente su futuro. Es tan larga la lista que no me perdonaría el olvidar algún nombre. Por ello solicito de cada uno de los presentes que evoquéis una o varias figuras del profesorado que estemos añorando y que entre todos hagamos de este ejercicio de recuerdo un homenaje a estos profesionales que inunde la celebración de esta noche.

Don Antonio Rojas, este próximo curso no estará en nuestras aulas. Se va a Córdoba, pero no nos abandona. Su obra queda entre nosotros. Seguiremos recogiendo los frutos que nos traerán nuestros hijos y nuestros nietos.

Quiero terminar enlazando unas palabras de Pablo Iglesias que complementan una cita de Gregorio Marañón ya manifestada esta noche: “Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes”.

Antonio, sigue así donde quiera que vayas. Sigue predicando con tu ejemplo la fidelidad a la conducta. Muchas gracias por permitirnos ser tus amigos. Muchas gracias por tu enseñanza.

Gracias.

18 julio, 2006

PREGON FERIA REAL DE FUENTE PALMERA 2006

Pronunciado el dia 17 de Agosto de 2006 por el Dr. D. Bernabé Galán Sánchez

Buenas noches. Muchas gracias por estar aquí.
Sean todos bienvenidos a este acto de introducción a la Feria Real de la Colonia.
Muchas gracias a Pilar Mercader por la presentación que de mi persona ha exaltado, influenciada sin duda por la amistad que tenemos y de nuestro aprecio mutuo.
También, por supuesto y al que más, quiero agradecer al Excelentísimo Ayuntamiento de Fuente Palmera la decisión adoptada de que fuese yo, este año, el pregonero de esta singular Feria.

Es para mí un honor como colono adoptivo el poder pronunciar unas palabras como prólogo a lo
que deseo sean unos felices días en los que se olvide el trabajo y los malos ratos y nos sirvan para disfrutar de un merecido descanso, aunque habrá quien no pare a partir de ahora. Que en estos días se hagan nuevas amistades o se renueven las que tenemos olvidadas, y que se aclaren todos los malos entendidos que pudieran haberse producido durante el año. La cordialidad, el entusiasmo, la hospitalidad y la amistad deben presidir nuestra conducta todos los días de nuestra vida.

Procuraré ser escueto en mi exposición y sintetizaré lo mejor que pueda el elogio que esta Colonia de Fuente Palmera se merece a lo largo de toda su Historia, pero especialmente en los 26 años últimos que son los que he tenido la suerte y el honor de vivir en este Municipio.
Reconozco que hace 27 años ignoraba la existencia de Fuente Palmera. Llegué a esta bendita
Colonia, como he dicho, hace 26 años. Y llegué por equivocación. Sin embargo, cada día que pasa
me alegro más de haberme equivocado cuando hice la elección de plazas como Médico Titular en
aquel concurso de traslado. Hay dos coincidencias curiosas en mi vida: Una es la de haber nacido
justamente cien años después que D. Santiago Ramón y Cajal, a quien admiro desde mi uventud. Y la otra es la de haber llegado a la Colonia, cien años despues de que lo hiciera otro médico, Don
Antonio Tubío Guerrero, quien sentó raices y nos dejó una nutrida descendencia entre los colonos.

Comencé a querer a Fuente Palmera desde el primer momento. Desde la primera vez que pisé su suelo, disperso en 10 núcleos de población, que yo desconocía. No se me olvidará nunca mi primer aviso domiciliario: tenía que ir a visitar a un abuelo a Ochavillo del Río. Como no sabía ir, se ofreció a acompañarme y enseñarme el camino otro señor mayor, natural de aquella aldea pero que se había venido a vivir con su hijo muy cerca de donde nos encontramos. Durante el recorrido, el que después fue gran amigo mio, me iba señalando, con disfrute por parte de los dos, por donde se iba a los otros pueblos de aquel lado. Aquella mañana aprendí rápidamente cómo llegar a Herrería, Peñalosa, Ventilla y Villalón. Mi curiosidad por conocer me llevó a preguntarle por las carreteras que iban a los demás. Y así me enteré de los caminos que llevaban a Fuente Carreteros, Silillos, Cañada del Rabadán y Villar.

A pesar de tener una fisonomía muy distinta a la que estaba acostumbrado a ver, que eran los
olivares, el romero, los chaparrales, la jara, el lentisco, en mi pueblo natal, y la viña y el olivo en el pueblo de donde procedía, el paisaje que se extendía ante mis ojos, llano y extenso, en aquel otoño del 80 me sedujo.
Comencé desde aquel día a vivir la aventura de acompañar, apoyar, incitar, dirigir, animar,
entusiasmar a los colonos, en los comienzos del más grande periodo de transición y desarrollo
conocido en la historia de nuestra Colonia.

El moderno plan de regadíos que iba a comenzar a dar sus primeros pasos me atrajo desde un
principio. Comencé a escribir como corresponsal, casi a diario, en los periódicos provinciales La
Voz de Córdoba y posteriormente en el Diario Córdoba. ¡Había que dar a conocer Fuente Palmera a los demás pueblos de la provincia y de Andalucía! ¡Había que llevar la nueva de que gracias al agua La Colonia iba a avanzar a paso de gigante en comparación con los pueblos limítrofes, superándolos y adelantándolos ampliamente!

Gracias a mi amistad con el Ingeniero Jefe de Fomento, que me ilustró ampliamente, comprendí,
para después difundir, la grandeza de los riegos. La trascendencia que tendrían para La Colonia su puesta en marcha y su mantenimiento. Soñé e intuí el futuro de todos los núcleos de población de Fuente Palmera.

También conocí las necesidades de los colonos: educación, sanidad, servicios sociales, animación
socio-cultural, conocimiento de su propia historia, tradiciones, sentimiento de pueblo, falta de
unidad, etc.
¿Hay algo más hermoso que las palabras Ayudar, Soñar, Amar, Reír, Concienciar, Apoyar,
Consolar, Compartir, Saludar, Escuchar, Enseñar, ...? ¿Y os habéis dado cuenta que a pesar de tener tan gran valor, las acciones que definen estas palabras se realizan gratuitamente? ¿Qué trabajo cuesta ayudar a los demás? Hay unos versos muy hermosos de Eduardo Alonso, que abundan en las frases anteriores. Dicen así:
" Y otra vez la sinfonía
interior de lo pensado.
Y otra vez de lo pasado
la triste melancolía.
Y otra vez esa manía
de pensar en lo esperado
para volver, alma mía,
a empezar por lo acabado."

Pero sigamos repasando la vida de La Colonia desde 1980. Yo tenía la firme convicción de que
Fuente Palmera estaba destinada a ser la "California de Europa": una de las poblaciones más ricas y prósperas del Viejo Continente. Este hecho era conocido por la Administración y fue correspondido ampliamente por los poderes públicos. Sin embargo no fueron conscientes de un problema que se podría presentar en un futuro no muy lejano. No se daban cuenta de que se iba a producir un tremendo desequilibrio socio-económico-cultural. Esto es, en palabras claras: Fuente Palmera, hasta la llegada del regadío, era una zona muy deprimida económica y socioculturalmente. En el futuro iba a prosperar rápida y exponencialmente en el aspecto económico, pero no estaba preparada en lo socio-cultural y se iba a producir un desequilibrio y por lo tanto había que trabajar sin descanso para que no se notasen o fuesen mínimas las consecuencias de este desajuste.

Si amo tanto a Fuente Palmera, a pesar de no haber nacido aquí, es porque he empleado las horas de más noble afán de mi vida en conocerla palmo a palmo, en entender a sus gentes, en sentir lo que sienten. Todo esto con el objetivo de trabajar por la Colonia y los colonos, para poder ayudar a encaminar su futuro. Por eso quiero tanto a Fuente Palmera: porque la conozco y conozco a sus gentes, y por eso creo en ella.

Hay un párrafo que escribió Don Gregorio Marañón, que habla de la dedicación de las personas en lo que creen. Dice así el ilustre Médico y Humanista: "Hay muchos seres humanos que han
dedicado su vida a lo que creen y se dice que es el amor, y, sin embargo, después de bien exprimida su experiencia, no podrían añadir una sola gota de enjundia a lo que se sabe ya. En el amor, la cantidad no cuenta. Todo su secreto está en la calidad y en la gracia. Y por gracia hemos de entender el que la fruición material, lo que exige el instinto, siempre bárbaro, no sea nunca un
objetivo ni un premio del amor, sino una leve y delicada brasa que caldee y coloree de rosa a todo eso otro semidivino que es el rendimiento, el sacrificio, la oferta de un ideal irrealizable, el dar y no pedir, sin lo cual el amor es sólo una cárcel con las paredes adornadas de estampas prohibidas, sin maldita la gracia".

Cómo pasa el tiempo. Qué de prisa pasan los días cuando participas en la aventura. Recuerdo con admiración aquellos tiempos en los que, año tras año, un elevado porcentaje de colonas y colonos abandonaban temporalmente sus casas y viajaban lejos, en las temporadas de la vendimia y de la recogida de aceituna. A pesar de conocer que vivirían en unas condiciones a veces infrahumanas, llevaban con optimismo un solo objetivo: evolucionar y alcanzar lo que sus padres no pudieron conseguir, como una vivienda decente y una mejor posición social. Aquellos aventureros, aquellos héroes, deberían dar clase en colegios e institutos. Deberían enseñar a nuestros jóvenes, desde pequeñitos, el valor del trabajo, del esfuerzo, del sudor, del sacrificio, del sufrimiento. Debería existir una asignatura sobre valores y experiencias. Que se den cuenta los nietos de hoy que sus abuelos, jóvenes hace unos años, trabajaron duro, muy duro, para ofrecer un futuro mejor a los colonos venideros; para construir una Colonia excelente. Y que se den cuenta estos últimos que son ellos los responsables de continuar la gesta que sus antepasados comenzaron.
Aquel espíritu de aventura con el que vinieron nuestros antepasados, era alimentado por las ideas revolucionarias de Pablo Antonio de Olavide y de Juan Gaspar de Thürriegel, bajo el mandato del rey Carlos III. Y esta filosofía aventurera se basaba en una serie de pilares, que debemos tener siempre presentes. Estos cimientos no son otros que: la Adaptabilidad, el Deseo y la Determinación, la Visión y el Valor, la Experiencia, la Curiosidad Natural, el Trabajo en equipo y la Confianza, el Optimismo ilimitado, la Habilidad para afrontar riesgos y el Desempeño excepcional. Por eso, y los jóvenes deben tomar buena nota de ello, los logros son siempre resultado de un proceso constante.

Debemos esforzarnos por ir siempre “un paso más allá” de nuestra experiencia anterior, como se
esforzaron nuestros antepasados. Y debemos ser revolucionarios en nuestras acciones, no debemos ser inmovilistas. Hemos de continuar siendo innovadores, progresistas, imaginativos, hacendosos, inquietos, idealistas, soñadores, tener espíritu de lucha y no olvidar ser fieles a nuestro pasado, aunque no del todo, porque el revolucionario cuando triunfa no puede ser fiel a su pasado por completo, ya que gracias a la revolución ha transformado el pasado y ha creado un presente nuevo.
Me gustaría nombrar una a una las personas con las que he tenido y tengo el honor y la suerte de compartir más directamente, en la porción que me corresponde, de esta aventura de la que os hablo: la proeza de la Colonia de Fuente Palmera en este último cuarto de siglo. Me gustaría hacerlo, pero podría olvidar a alguien y no sería justo. Son tantos los momentos, ocasiones, escenarios, situaciones, eventos, emociones que hemos vivido que hay materia para escribir un extenso libro, al que no renuncio comenzar en un futuro cuando esté menos atareado.

Pero en esta aventura no solo participaron los mayores. Muchos jóvenes también trabajaron
entonces por un futuro mejor. Fueron idealistas y soñadores e imaginaron una tierra de promisión, en la que creyeron y por la que apostaron. Y otra vez el poeta Eduardo Alonso nos lo dice en estos versos:
¿Es sueño otra vida?
Si soñando se olvida
El dolor de existir,
Puede ser otra herida,
Que soñar no es morir.

¡Hay que ver el montón de empresas que han surgido en los últimos años en nuestra Colonia!
Gracias a la imaginación, el idealismo, la inquietud de nuestros jóvenes y menos jóvenes
empresarios han llegado a ser punteras cada una en su sector, llevando el nombre de Fuente
Palmera como estandarte de calidad, honradez, seriedad. En una palabra: saber hacer. Y tenemos que estar orgullosos de ellas y de ellos. Lo dijo Don Santiago Ramón y Cajal: “Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas”. ¡Y tanto que los colonos las han desarrollado! Marcel Proust nos lo dejó dicho: “El acto real del descubrimiento no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con nuevos ojos”. Esto es lo que hacen los niños continuamente. Pero nosotros, los adultos, tenemos que obligarnos constantemente a permanecer insatisfechos del mundo que hemos creado.

Me hace mucha gracia cuando oigo a quienes no nos conocen, hablar de la pereza de los andaluces. Antiguamente había gentes, personajillos, que gustaban de vegetar y divertirse a costa del trabajo de los demás; esa fama no era específica de nuestro suelo, sino común a todos los pueblos, y afortunadamente nosotros hemos sabido demostrar lo contrario en el transcurso de los 239 años de existencia de nuestra Colonia. ¿Quién puede negar la laboriosidad de los colonos? Desde los primeros que poblaron estas tierras, deserticas entonces, hasta sus descendientes de hoy no han parado de trabajar afanosamente para conseguir lo que tenemos. Solo hay que madrugar un poco para observar cómo día a día, cada uno se dirige a su trabajo. Cómo se llenan las carreteras de vehículos que transportan trabajadores llevando el nombre de nuestra Colonia a distintos lugares de Andalucía o a otras comunidades y países.
Deberían castigar a quienes llamaran perezosos a nuestros antepasados, heroicos trabajadores del campo, regado con el sudor de su cuerpo, trabajando de sol a sol, sin poderse cambiar de ropa, ni llevarse a veces un trozo de pan a la boca, sin posibilidades de formarse o instruirse y siempre a merced del cacique de turno que se aprovechaba de su ignorancia y su pobreza.

Y después de conocer todo lo que he descrito, ¿quien sería incapaz de amar a esta tierra y a sus
gentes? ¿Quien no se dejaría seducir por su idiosincrasia?
Como médico soy un espectador más de la vida, si bien desde un plano distinto que los demás
espectadores. Los médicos tenemos más ocasiones de ver el lado dramático del existir. Esta
profesión, con su leyenda de sacrificio, de humanitarismo, de contacto dramático con el sentir de
las personas la he desarrollado durante el periodo más largo de mi existencia en esta Colonia. Y os aseguro que el convivir con los colonos, sintiéndome uno más, ha actuado como sublimación en los momentos negativos por los que he pasado. Aunque no nací aquí, soy colono, y un colono que siente hasta la médula de sus huesos, hasta los rincones más profundos de su alma, el orgullo de serlo.

Me vais a permitir terminar con una frase que casi al final de su vida proclamó Maeterlinck, uno de los grandes soñadores del siglo pasado: “Todo mi instinto, toda mi eficacia, me empujaban desde niño a la Medicina; porque esta es, cada vez estoy más cierto de ello, la llave más segura para dar acceso a las profundas realidades de la vida”.
Muchas gracias y que paséis una muy mejor Feria.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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