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27 febrero, 2017

Los Médicos sentimos distinto a los demás

Este texto no es mío, lo he copiado porque he creido interesante difundirlo, porque estoy de acuerdo totalmente con él. Yo añadiría algo, pero lo haré en otra ocasión.

Texto basado y traducido libremente de este blog: http://www.kevinmd.com/blog/2016/08/doctors-experience-world-differently.html

Hay personas que sienten y tienen una actitud diferente ante la vida, por ocupar un puesto, vivir una circunstancia vital señalada, estar en un lugar explícito en un momento concreto o simplemente tener una profesión determinada.
Los médicos somos una de esas profesiones que experimentamos la vida de forma diferente porque:
  • Vemos el milagro de la vida cuando nace un bebe, somos testigos de la alegría de sus padres y el amor que llena la habitación.
  • Estamos frecuentemente presentes cuando mueren personas y a veces nos encontramos a su lado y en contacto físico con ellos, transmitimos las malas noticias de la enfermedad o la muerte de alguien y vivimos de cerca el sufrimiento de sus familiares y amigos, siendo frecuentemente implicados en ese proceso de duelo.
  • Somos la mayoría de las veces portadores de buenas noticias, de los informes médicos (si son benignos los tumores o si la citología o la analítica no tiene nada malo).
  • También a veces tenemos que informar de malas noticias, informamos a personas de que tienen una enfermedad grave, o empatizamos con los familiares al decirles que su madre, padre, hermano o hijo tienen una enfermedad terminal.
  • Somos además los primeros en saberlo, incluso si en el vientre de una madre tiene un niño o una niña.
  • Nuestros pensamientos de frustración, éxitos, culpa, tristeza, referidos a nuestra labor, mayoritariamente los digerimos en privado, porque no suelen ser comprendidos en otros ámbitos, por eso nos atribuyen conversaciones monotemáticas al reunirnos.
  • Llegamos a oír las historias de la gente, sus miedos, sus problemas más íntimos. Nuestros pacientes confían en nosotros.
  • Tocamos partes del cuerpo, olemos los olores íntimos, vemos zonas restringidas, oimos ruidos personales, todos de otras personas que no están en nuestro ámbito cercano pero que son nuestros pacientes.
  • A veces no dormimos en toda la noche, porque nos dedicamos a cuidar a los demás.
  • Consumimos nuestro tiempo dedicado a los demás, más allá de nuestro tiempo retribuido. 
  • Llegamos a aliviar el dolor, reducir el miedo y tranquilizar, quizás no siempre, pero sin duda más a menudo que la mayoría de personas, y lo hacemos sólo con nuestra presencia al lado del que sufre, con nuestra escucha activa, con el contacto físico sensible, con una simple mirada a la cara de la persona que nos busca.
  • Y a veces, también nos olvidamos de cuidar de nuestra propia salud.
Hay un montón de cosas que los médicos llegan a sentir que las demás personas nunca aprecian, por eso quizás los médicos experimentan la vida de forma diferente.

Texto basado y traducido libremente de este blog: http://www.kevinmd.com/blog/2016/08/doctors-experience-world-differently.html


04 enero, 2016

Aviso a navegantes

(Artículo de Almudena Grandes en el diario EL PAIS)

"Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera".


Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta. Quiero decir que la vida vuela. Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad. Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido. Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer. Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo. Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.
Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año. Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece. En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro. Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas. Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable. Por ejemplo, es pianista, un buen concertista. Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos. No creo que haya habido en el mundo un caso así. Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es. He aquí su primer milagro.
Tiene varios más, algunos espeluznantes. El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia. A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio. Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela. El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada. El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles. Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños. Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas. En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas. Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor. Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.
Pero aún queda por contar un cuarto milagro. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa. Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año. Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar. Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”. Pequeña gran verdad. Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles. Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro. Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.

04 junio, 2013

Hacerlo bien, hacer lo mejor o hacerlo mejor

http://rafabravo.wordpress.com/category/atencion-primaria/

Este artículo de Angel Ruiz Tellez  @artcymap, es de lo mejor que he leído en los últimos doscientos años. Realista y escrito por alguien que no conozco personalmente, pero que su sensatez y visión de la realidad te hace ver que entiende nuestra profesión en su plenitud. Algo que la edad y la experiencia te van modelando. Gracias Angel por escribir tan claro y tan provechoso para todos, en especial para los más jóvenes, pero sobre todo para los administradores de la Sanidad, para los fríos políticos, que basándose en las cifras explotan a los trabajadores de la salud y perjudican a los ciudadanos.

08 diciembre, 2011

José Saramago: Mañana es la única Utopía

 
"Mañana es la única utopía" - José Saramago
 
 
cid:1.1850224019@web26902.mail.ukl.yahoo.com

Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!.
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la
convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!.
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo
que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer
lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos
y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero
con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones
se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa  de consumirse
en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por  el camino
derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento. 

                                      José Saramago
                      Premio Nobel Literatura 1998.

10 octubre, 2009

El valor de la comunicación: Experiencia sin llegar a viejo

Conforme vamos cumpliendo años, nos vamos "templando". Cuando jóvenes no concebíamos cómo los mayores con los que nos relacionábamos, en ocasiones, no actuaban inmediatamente ante lo que para nosotros eran flagrantes injusticias. Después hemos ido comprendiendo por qué lo hacían o por qué se inhibían.
Entonces no veíamos más que un camino para solucionar un problema. Era un camino casi siempre improvisado: el primero que nos venía a nuestra mente. Ibamos directos, decíamos las cosas como las sentíamos, sin compasión ni diplomacia.
El paso del tiempo y la experiencia te van enseñando distintos caminos, te hacen ser más recatado y tener más paciencia y sobre todo aprendes a no dar respuestas inmediatas ante problemas que o bien no te atañen y/o cuya solución puede esperar.
Nos volvemos más humildes y comprendemos mejor que cada situación es entendida por cada persona desde prismas y perspectivas diferentes.
Pero, y eso es lo bueno de la Democracia, podemos avanzar mucho sin necesidad de ser viejos, si nos abrimos a los demás, respetamos sus opiniones, comprendemos sus posturas y las discutimos. De esta forma las experiencias que con los años obtendríamos, que serían las que nos van haciendo moldear nuestra forma de ser y de actuar, las sentiríamos mucho antes conociendo los sentimientos, las emociones, las opiniones, etc. de otros que no piensan como nosotros.
De esta manera avanzan mucho más rápidamente las civilizaciones y sobre todo la vida sería más agradable para todos: la auténtica felicidad estaría mucho más generalizada.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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