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04 enero, 2016

Aviso a navegantes

(Artículo de Almudena Grandes en el diario EL PAIS)

"Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera".


Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta. Quiero decir que la vida vuela. Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad. Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido. Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer. Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo. Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.
Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año. Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece. En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro. Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas. Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable. Por ejemplo, es pianista, un buen concertista. Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos. No creo que haya habido en el mundo un caso así. Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es. He aquí su primer milagro.
Tiene varios más, algunos espeluznantes. El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia. A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio. Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela. El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada. El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles. Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños. Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas. En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas. Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor. Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.
Pero aún queda por contar un cuarto milagro. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa. Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año. Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar. Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”. Pequeña gran verdad. Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles. Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro. Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.

08 diciembre, 2007

El mañana se prepara hoy

Absolutamente de acuerdo contigo. Tengo un año más que tú, y también me considero todavía joven, aunque no creo que supere en mucho, cuando llegue el momento, la edad media de supervivencia o expectativa de vida. Tengo la misma ilusión en realizar proyectos, en poner en marcha acciones, en ayudar a los demás, en dar amor, ... que cuando tenía 22 años (cuando comencé a ejercer de médico rural). Tengo la misma o incluso más ilusión en trabajar porque veo que es necesario, cada día más, ayudar a quien lo necesita; y en el medio rural, no veas cómo se necesita. No hay derecho a que la gente no piense en el envejecimiento, en la muerte... Lo que no gusta lo quitan de en medio; no se paran a meditar lo que están haciendo, para qué lo hacen, a quien beneficia o, más bien, a quien perjudica la actitud que adoptan en la vida.
Recuerdo cuando era pequeño, en mi pueblo natal, que era frecuente vivir la muerte de alguien con frecuencia. Rara era la semana que no había un entierro y con inusitada frecuencia se enterraba a algún niño. Estábamos acostumbrados, eramos menos sensibles al sufrimiento por la pérdida de un ser querido. Cuando comencé a realizar los estudios del tercer ciclo para obtener el grado de Doctor, no tenía ni idea del tema que me iba a encomendar la Cátedra de Psiquiatría para elaborar mi tesis doctoral. Cuando el Catedrático me dio el título ("Muerte y valores de existencia") me satisfizo porque pensé que se podían sacar unas conclusiones provechosas. Efectivamente así fue, pero no me voy a extender cansándote con datos y conclusiones.
Ahora habría que hacer otra investigación similar y las conclusiones serían muy distintas. En poco tiempo, la televisión, la política, los políticos, la mejoría del estar social ( no digo no bien ni mal estar), etc, ha conseguido que gran parte de la población se haya despreocupado de la vida real y piensen que viven otra realidad. No piensan en el futuro, no cimientan el futuro, ni a nivel familiar ni, mucho menos, a nivel social. No quieren pensar que el mañana existe y no es lejano, que para llegar en buen estado a viejo hay que prepararse de joven. Cada día son más numerosos los casos de muerte prematura de jóvenes por accidente de tráfico. No piensan que a las velocidades que alcanzan sus vehículos pueden matarse o matar a algún inocente. Se te pone una cara de tonto cuando acudes al entierro de algún joven y te solidarizas con el sufrimiento de sus familiares, que te enfadas contigo mismo y te sublevas por no haber hecho todavía más por evitar lo ocurrido. Pero no se puede luchar contra la impasividad de la familia que previamente han permitido que ese hijo o hija haya dejado los estudios a los 14 años, y se haya puesto a trabajar con el único objetivo de obtener dinero para comprarse una moto con la que "fardar" ante sus colegas haciendo barbaridades y olvidándose del valor de sus vidas. ¿Son estos quienes se encargarán de nosotros dentro de unos años? El panorama es sombrío: no quieren saber nada del paso de los años; no respetan a los mayores de hoy y no quieren que sus padres envejezcan. No piensan en la muerte. Gastan el presente no pensando en el mañana. No vale la pena hacer un llamamiento a quienes pueden poner las bases para corregir esta terrible desviación. No van a hacer caso. No interesa. Es mejor dejar las cosas como están: pseudofelicidad, falta de respeto, agresividad, ausencia de valores, dependencia (a la tele, al fútbol, a las revistas del corazón, a las drogas, al trabajo como generador de recursos para ocio peligroso, ...), beligerancia, fanatismo, extremismos políticos, oposición permanente. Es mejor seguir así que ponerse de acuerdo y plantar la semilla legislativa y jurídica que siente de una vez y para siempre las bases de la convivencia y la felicidad, no importándonos la edad.

12 octubre, 2002

El envejecer no implica perder la memoria

Dr. Bernabé Galán Sánchez. Médico de Familia. Fuente Palmera

Es muy común escuchar a las personas que pasan de cierta edad comentar que están perdiendo memoria conforme van pasando los años. Este tópico tan extendido está siendo rebatido por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (INE), gracias a investigaciones recientes.

Estos estudios sugieren que la pérdida de la memoria no es parte del proceso natural de envejecer, y que el mantener la mente activa es la clave para mantener un buen funcionamiento del cerebro. La investigación sugiere que quien no usa su memoria, la pierde. Según el Dr. Andrew Monjan, Director del Programa de Neurobiología del Envejecimiento en el INE "se está cambiando el viejo mito de que cuando envejecemos nos volvemos seniles. Estamos aprendiendo que la demencia y la pérdida de memoria comúnmente asociadas con la edad no son, de hecho, parte del proceso normal de envejecer".

Sin embargo, la realidad es que vemos que algunas personas mayores, aunque no todas, presentan pérdida de memoria. ¿A qué es debido esto? Existen enfermedades que pueden tener efectos negativos sobre las células cerebrales, como puede ser disfunción o muerte celular: infecciones virales, problemas crónicos de insomnio, problemas de alcoholismo y abuso de drogas y desórdenes del cerebro o del sistema nervioso, tales como la enfermedad de Parkinson o un historial de derrames pequeños o accidentes cerebrovasculares. Estas enfermedades tienen mayor probabilidad que el envejecimiento normal de causar esa pérdida de memoria que tanto preocupa a los que van llegando a esa edad límite.

Otro de los mitos que se está refutando en la actualidad es aquel por el que siempre se ha pensado que las células cerebrales estaban contadas, y que la que se perdía no se recuperaba. Sin embargo, como dice la Dra. Molly Wagster, Directora del programa de becas del INE, "nuevas investigaciones en el campo celular nos dicen que las células cerebrales continúan naciendo aún en la etapa adulta".

Las nuevas tecnologías de imágenes - resonancia magnética funcional de la imagen y la tomografía de emisión de positrones - le permiten a los científicos ver por primera vez lo que sucede en el cerebro de un individuo mientras está realizando tareas o procesando información. Incluso, gracias a estos avances, se puede examinar cómo el cerebro de una persona mayor memoriza y recupera información en comparación con la manera en que lo hace el cerebro de una persona joven.

Podríamos resumir este artículo dándole la razón a nuestros abuelos: El secreto de mantener una mente y un cuerpo sanos está en nutrirse correctamente, descansar bien y realizar diariamente ejercicio tanto mental como físico.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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