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12 noviembre, 2017
Retos de la Ética y de la Deontología Médicas en el futuro
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CODIGO DE DEONTOLOGÍA MEDICA-GUIA DE ETICA MEDICA
https://www.cgcom.es/codigo_deontologico/index.html
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IDEAS SOBRE MEDICINA ANTROPOLOGICA Por el Dr. Marcos Meeroff
25 febrero, 2004
Relaciones entre médicos y con otros profesionales sanitarios
De un tiempo acá venimos observando que además de la “burnoutización” de la mayoría de los profesionales que trabajamos en el cuidado de la salud de los españoles existe un cierto grado de desencuentro entre nosotros mismos. Si hacemos caso al dicho, comentado a diario entre nosotros acerca de la Administración, de divide y vencerás puede que esté pasando algo de esto.
Nuestra profesión, que goza del mayor grado de excelencia, aceptación, veneración y agradecimiento por parte de la población, está siendo vilipendiada, denostada, infrautilizada, despreciada en una palabra por algunos que valiéndose de un relativo poder no conocen en absoluto la realidad del desarrollo diario de nuestra actividad. No se preocupan por conocerlo: no bajan a los Hospitales ni a los Centros de Salud; no pisan sus pasillos, sus consultas, sus domicilios, sus aldeas; no se aprovechan de nuestra experiencia y nuestras propuestas de soluciones; no hablan con los profesionales sanitarios de sus problemas ni manifiestan interés en solucionarlos.
Mi preocupación por el creciente individualismo que nos coloniza y la pérdida de colaboración en perjuicio de los Médicos ha sido aliviada con la lectura de un magnífico artículo que os recomiendo, escrito por una Enfermera en una revista de Médicos de Atención Primaria, que nos hace alentar esperanzas y nos anima a no desfallecer (Garrido E. Cómo nos ve. SAMFYC información 2004; 7:4)
Eva Garrido, que así se llama esta compañera, hace unos años cambió el Hospital por la Atención Primaria precisamente para tener un contacto más directo con los pacientes, con las familias, con el entorno, con sus sentimientos. Conoce por tanto su trabajo y el de los Médicos, y se ha dado cuenta del grado de desmotivación que padecemos. En este artículo nos relata un sueño-pesadilla del que se despierta sobresaltada, sudorosa y muy angustiada.
La verdad es que este sueño que relata no hubiera sido considerado como pesadilla hace unos años, cuando la Atención Primaria comenzó a cambiar dibujando una gráfica ascendente en el panorama sanitario español. Lamentablemente en la actualidad esa curva se encuentra descendiendo hasta el fondo del eje de coordenadas y no precisamente por culpa de los profesionales. Recomiendo la lectura e incluso me pondré en contacto con esta compañera para que nos permita su publicación en nuestra revista. Necesariamente hemos de hacer algunas anotaciones acerca de las relaciones de los Médicos entre sí y con otros profesionales sanitario. Tanto nuestro Código de Etica y Deontología, como diferentes Conferencias y Declaraciones mundiales recogen este tema. Incluso el Juramento Hipocrático anima a respetar, compartir y cuidar a quien nos enseña nuestro arte. Y en nuestro caso, ¿no aprendemos todos los días algo de nuestros compañeros?
El Códio de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial trata en sus artículos 31 al 34 precisamente de la relación de los Médicos entre sí y con otros profesionales sanitarios. Creo que es preferible transcribir estos artículos aparte en otro lugar de esta página, para que puedan ser consultados, en lugar de hacer un comentario sobre los mismos. Sin embargo no me resisto a dejar algunas preguntas en el aire:
¿Tratan con la debida deferencia, lealtad y respeto algunos directivos de Equipos Básicos de Salud o de Servicios Hospitalarios a los Médicos que no cumplen a pié juntillas lo ordenado por la superioridad aún a sabiendas que es perjudicial para los enfermos? (Artículos 31.1 y 31.2).
¿Se abstienen algunos Médicos de criticar ante los pacientes y otros compañeros las actuaciones profesionales de otros compañeros, que por la causa que sea y que solo conocen estos últimos, han tomado alguna decisión que no les conviene o con la que no están de acuerdo aquellos? (Artículo 31.4)
¿Somos cautos al comentar a algún paciente que la intervención quirúrgica realizada no ha resultado porque quien la ha efectuado no está preparado para este tipo de operaciones? (Artículos 31.4 y 31.5)
¿Hacemos bien si nos callamos cuando conocemos que algún compañero está infringiendo alguna norma ética o deontológico y no le llamamos la atención o lo ponemos en conocimiento del Colegio de Médicos? (Artículo 31.6)
¿Atendemos con igual tallante a los pacientes que nos acumula la Dirección cuando falta algún compañero y no es sustituido por otro? (Artículos 32.1, 33.1 y 33.2)
¿Aceptan los directivos de buen grado el hecho de que haya Médicos que se niegan a actuar, en ciertas ocasiones, por objeción de conciencia razonada? (Artículo 33.4)
¿Aceptamos siempre los consejos que nos puedan dar el personal de enfermería en materias que ellos conocen mejor que nosotros? (Artículo 34.1)
Según la Declaración sobre la práctica de la profesión en los Países Comunitarios (Declaración de Nüremberg 1967, artículo 5.3 del Tratado de Roma), la Profesión Médica es una, cualesquiera que sean las modalidades de su ejercicio. Tales modalidades son complementarias entre sí y se rigen por la misma Deontología aunque están sometidas a condiciones de organización diferentes. Esta organización respetará la autonomía de cada establecimiento la cual comprende una dirección administrativa y una dirección Médica, garantizándose la independencia profesional del Médico y asegurando la estabilidad del puesto de trabajo, su independencia económica y su protección social.
En 1970 se amplió en Luxemburgo la Declaración antes mencionada precisando algunas reglas: una de ellas dice que los Médicos vinculados por contrato estás sometidos, como todos los demás, a las reglas de la Ética y de la Deontología Médicas establecidas por la Corporación Médica, donde se establece el carácter inalienable de la independencia profesional del Médico, como garantía para el paciente. El contrato o estatuto debe respetar la Deontología Médica teniendo en cuenta las reglas y procedimientos característicos de cada País. Añade algo que no se cumple en nuestra Comunidad Autónoma a diferencia del resto de España: “La actividad profesional del Médico jamás podrá ser controlada por un no médico”.
Hemos leído en esta misma revista cómo se ha evaluado a los Médicos en algunos Centros de Salud andaluces por parte de Directores que no son Médicos e inclusive se han dado casos en los que un Enfermero (Director de Zona Básica de Salud) ha llegado a suspender a Médicos de reconocido prestigio. Este último hecho ha sacado a la luz algo que nunca debería haber ocurrido, cual es el enfrentamiento entre dos profesiones entregadas con verdadera vocación al cuidado de la salud de sus semejantes.
Este desencuentro no es generalizado afortunadamente en las bases, sino que puede deberse a estrategias no bien meditadas ni medida su trascendencia. Entre los profesionales de ambos colectivos hay excepciones de las que se aprovechan quienes no conocen la importancia de una buena gestión basada en la unión, el entendimiento, la razón, la comunicación acompañados de la motivación permanente y el compañerismo. Destruyendo estas características indispensables se consigue justo lo contrario de lo que teóricamente se pretende, que no es otra cosa que la eficiencia del Sistema Sanitario, por la que luchamos los Médicos día a día desde que se nos ocurrió la feliz idea de estudiar Medicina.
En el Artículo 28 de la Guía Ética Médica Europea se nos dice que las normas de confraternidad se establecen para el beneficio del paciente, procurando evitar que el enfermo sea víctima de maniobras de competencia desleal entre Médicos. ¿No es competencia desleal la de aquel Médico que trabajando en equipo y percibiendo
Idéntica remuneración que el resto trata mal a sus pacientes con el objetivo de alejarlos hacia otros compañeros que los atiendan mejor? Esta situación se solventaría premiando más a quien más trabaje y mejor lo haga.
Los Médicos hemos de ser respetuosos con nuestros colegas. Nunca hemos de criticar ante los pacientes la actuación profesional de nuestros compañeros. Siempre existe una explicación para cada una de las acciones humanas, pero hemos de conocer esa explicación por parte del actuante, y aún conociéndola no se ha de criticar en otro foro que no sea dentro de la Profesión Médica.
Sin embargo es obligación del Médico, sin faltar al deber de confraternidad, el comunicar al órgano profesional legítimo las infracciones de las normas éticas y de competencia profesional de otro compañero. El Código Internacional de Ética, adoptado por la Asamblea Médica Mundial en octubre de 1949 en Londres y enmendado en 1968 y en 1983, amplía lo anterior diciendo que el Médico debe tratar con honradez a pacientes y a colegas y está obligado a denunciar a aquellos Médicos débiles de carácter o deficientes en competencia profesional, o a los que incurran e fraude o engaño, así como respetar los derechos del paciente, de los colegas y de otros profesionales de la salud.
El Médico debe comportarse hacia sus colegas como él desearía que ellos se comportaran con él. La Declaración de Ginebra, adoptada en 1948 y enmendada en Sydney en Agosto de 1968, establece solemnemente el “considerar a mis colegas como hermanos”.
Capítulo XI. Relaciones de los médicos entre sí y con otros profesionales sanitarios
Art. 31.-
1-La confraternidad entre los médicos es un deber primordial y sobre ella sólo tienen preferencia los derechos del paciente.
2-Los médicos deben tratarse entre si con la debida deferencia, respeto y lealtad, sea cual fuere la relación jerárquica que exista entre ellos. Tienen la obligación de defender al compañero o colega que es objeto de ataques o denuncias injustas.
3-Los médicos compartirán sin ninguna reserva, en beneficio de sus pacientes, sus conocimientos científicos.
4-Los médicos se abstendrán de criticar despreciativamente las actuaciones profesionales de sus colegas. Hacerlo en presencia de los pacientes, de sus familiares o de terceros es una circunstancia agravante.
5-La relación entre los médicos no ha de propiciar su desprestigio público. Las discrepancias profesionales han de ser discutidas en privado o en sesiones apropiadas. En caso de no llegar a un acuerdo acudirán al Colegio, que tendrá una misión de arbitraje en estos conflictos.
6-No supone faltar al deber de confraternidad el que un médico comunique a su Colegio, de forma objetiva y con la debida discreción las infracciones de sus colegas contra las reglas de la ética médica o de la práctica profesional. Tampoco cuando el médico actúe dentro de los límites propios de la libertad de expresión.
Art. 32.-
1-En interés del enfermo se debe procurar sustituir, cuando sea necesario, a un colega temporalmente impedido. El médico que haya sustituido a un compañero no debe atraer para si los enfermos de éste.
2-El médico no interferirá en la asistencia que esté presentado otro compañero. No se considera interferencia la situación de urgencia o la libre consulta por parte del paciente a otro médico, quien le advertirá, sin embargo, del perjuicio de una dirección médica múltiple no consensuada.
3-Cuando lo estime oportuno, el médico propondrá al colega que considere más idóneo como consultor o aceptará al que elija el paciente. Si sus opiniones difieren radicalmente y el paciente o su familia decidieran seguir el dictamen del consultor, el médico que venía tratando al paciente quedará en libertad para suspender sus servicios.
Art. 33.-
1-El ejercicio de la Medicina en equipo no debe dar lugar a excesos de actuaciones médicas.
2- Sin perjuicio de las posibles responsabilidades subsidiarias, la responsabilidad deontólgica del médico no desaparece ni se diluye por el hecho de trabajar en equipo.
3- La jerarquía dentro del equipo asistencial deberá ser respetada, pero nunca podrá constituir un instrumento de dominio o exaltación personal. Quien ostente la dirección del grupo cuidará de que exista un ambiente de exigencia ética y de tolerancia para la diversidad de opiniones profesionales. Y aceptará la abstención de actuar cuando alguno de sus componentes oponga una objeción razonada de ciencia o de conciencia.
4-Los Colegios no autorizarán las constitución de grupos profesionales en los que pudiera darse la explotación de alguno de sus miembros por parte de otros.
Art. 34.-
1-El médico debe mantener buenas relaciones con los demás profesionales al servicio de la salud y tendrá en consideración las opiniones de ellos acerca del cuidado de los enfermos.
2-El médico respetará el ámbito de las peculiares competencias de las personas que colaboran con él. Procurará que cada miembro del grupo cumpla correctamente sus responsabilidades específicas. Cuidará de que todos, teniendo como propósito común prioritario el bien del paciente, trabajen coordinadamente dentro del equipo asistencial.
27 noviembre, 2001
Opiniones acerca de la pena de muerte
Presidente de la Comisión de Ética y Deontología Médicas
Iltre. Colegio Oficial de Médicos de la Provincia
He leído recientemente un artículo en una edición electrónica de Doyma, titulado “El color de la bata blanca”, cuyo autor Gonzalo Cansino, hace unas reflexiones acerca de una encuesta realizada a médicos de Estados Unidos sobre su consentimiento hacia la pena de muerte. Por su interés y actualidad permanente para nosotros que, por formación y convicción, luchamos cada segundo de nuestra vida contra la muerte, he intentado resumir y plasmar en nuestro boletín lo que aquel artículo comenta.
Aunque el título habla del color de nuestra bata, supongo que la noticia si se ha difundido, que supongo que sí, en EE.UU. habrá salido de distintas maneras en los medios de comunicación pero siempre alrededor del dato espeluznante de que “cuatro de cada 10 médicos de EE UU estaría dispuesto a colaborar en la ejecución de un condenado a muerte con una inyección letal”.
Esta cifra ha sido recogida de la encuesta que se publica en el último número de los Annals of Internal Medicine 1 con el título de “Physicians' Willingness To Participate in the Process of Lethal Injection for Capital Punishment”. Es preciso aclarar que no han influido para nada en los resultados los fatídicos acontecimientos del pasado once de septiembre, ya que la opinión se recogió antes de esa fecha, exactamente fue remitida en 1999 a 1.000 médicos de EE UU seleccionados al azar, con el propósito de valorar su predisposición a participar en una decena de aspectos relacionados con la administración de una inyección letal a un condenado a muerte. Ocho de estas acciones están expresamente prohibidas por las directrices de la American Medical Assocation y TODAS ELLAS contravienen el espíritu del juramento hipocrático y el principio máximo del “Primum non nocere”. De las mil encuestas enviadas, recibieron respuesta de 413 médicos, de los que el 41% reconocía que llevaría a cabo al menos una de las acciones y el 25% estaría dispuesto a realizar por lo menos cinco acciones no permitidas. Sólo un 3% de los encuestados parecía conocer los límites competenciales que marcan los códigos éticos profesionales.
Leyendo el artículo se me venía a la memoria la película de García Berlanga, “El verdugo” en la que el inolvidable Pepe Isbert interpretaba magníficamente su papel ejecutando a garrote vil a los condenados a muerte porque era su obligación.
Es conocida, según ese artículo, la indulgencia con la que los médicos americanos tratan a sus compañeros de prisiones. Pero el caso que nos ocupa llega a ser espeluznante, ya que al ser preguntados si ellos mismos colaborarían preparando e inyectando una sustancia letal a un condenado, gran parte de ellos comenta afirmativamente estando dispuestos a hacerlo.
Esta cifra nos debe llevar a reflexionar a nosotros mismos acerca de qué haríamos o mejor qué contestaríamos si nos hicieran la misma pregunta. Una cosa es la respuesta que demos y otra la realidad llegado el caso de tener que aplicar la inyección letal. Una cosa es certificar la muerte de un ajusticiado o prescribirle ansiolíticos mientras espera su hora final y otra muy distinta es participar en la muerte de una persona aunque la dicten las leyes, por ser contraria al Juramento Hipocrático y a nuestras normas éticas y deontológicas. Llegados a este punto es preciso clarificar nuestro Código de Ética y Deontología Médica actualizado en 1999, ya que en el artículo 27.3 explicita que “ningún médico provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa de este.”, en el artículo 30.1 dice que “... jamás debe participar, secundar o admitir actos de tortura o de malos tratos...”, pero no nos aclara el punto origen de este artículo, aunque en nuestro país no exista la pena capital. Como conclusión podemos afirmar con los autores que hay una gran confusión en los médicos americanos “entre lo que son sus competencias profesionales y sus opiniones personales, entre lo que es ser un médico y un partidario de la pena de muerte”, y que estas dudas deberían quedar bien disipadas mediante una mejor formación en los aspectos éticos de nuestro ejercicio profesional.
1. Neil J. Farber, MD; Brian M. Aboff, MD; Joan Weiner, PhD; Elizabeth B. Davis, PhD; E. Gil Boyer, EdD; and Peter A. Ubel, MD. Physicians' Willingness To Participate in the Process of Lethal Injection for Capital Punishment. Ann Intern Med. 2001;135:884-888.
El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)
Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...
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