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05 abril, 2022

LA MEDICINA RURAL: Una opción seductora para los médicos jóvenes

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LA MEDICINA RURAL: Una opción seductora para los médicos jóvenes


La medicina rural por Bernabé Galán, médico rural.

LA MEDICINA RURAL: Una opción seductora para los médicos jóvenes

Dr. Bernabé Galán. Médico de Fuente Palmera


“Confieso que he vivido”, como diría Pablo Neruda. Confieso que soy Médico de pueblo por convencimiento progresivo y evolucionado con el tiempo. Desde el primer momento en que viví el ejercicio de la Medicina Rural me sentí seducido por ella. Hoy día, después de 47 años ejerciéndola ininterrumpidamente, sigo disfrutando como el primer día.

Conocí el encanto de trabajar como Médico de Familia, antes de que existiera el Ministerio de Sanidad, la Reforma Sanitaria de la Atención Primaria e incluso de nuestra especialidad. Precisamente entonces, en nuestra nómina como Médicos Titulares, se nos calificaba como Médicos de Familia, antes de llamarnos Médicos Generales y después Especialistas en Medicina de Familia y Comunitaria. El Médico Titular era un adelantado de lo que después, con la Reforma Sanitaria, fueron los EBAP (Equipos Básicos de Atención Primaria). Eran tiempos en los que el Médico, en el pueblo, hacía de todo: Además de atender en consulta y urgencias, también tenía que atender partos, inscribir en el Registro Civil, hacer autopsias, inspecciones a establecimientos comerciales, industriales, alimenticios, talleres, etc., emitir cédulas de habitabilidad de las viviendas, autorizaciones de apertura de negocios, reconocimientos de quintos, inspecciones medico-escolares, atención a funcionarios de las Fuerzas Armadas y de la Administración Local, atender a los pobres e indigentes de Beneficencia Municipal, pequeñas intervenciones quirúrgicas, promoción de la salud, educación sanitaria, salud pública, estadísticas y por supuesto prestación de servicios a la Seguridad Social y coordinación con los otros sanitarios locales.

Para realizar lo anterior teníamos todo el tiempo del mundo: 24 horas al día, 7 días a la semana los 365 días del año. Eras responsable absoluto de lo que ocurriera en tu demarcación. Incluso para irte de vacaciones o ausentarte del pueblo, además de la autorización de la Jefatura Provincial de Sanidad, tenías que obtener el visto bueno del alcalde del pueblo.

Repito, que a pesar de todos los “inconvenientes” que podíamos tener yo me encontraba feliz en mi destino y añoro –a lo mejor es por echar de menos la juventud física- aquellos tiempos, en los que tenías mayor autonomía, eras reconocido no solo por los vecinos sino también por la Administración y  tenías bastante tiempo para poder estudiar y mantenerte al día, eso sí, a costa de tu bolsillo.

En 1984, el médico, sociólogo y escritor británico Julián Tudor Hart escribía en la revista “Atención Primaria” (y yo lo suscribo y siempre lo he dicho) que en el nuevo médico rural “se combinan las aptitudes clínicas con las aptitudes de la medicina de las poblaciones, con suficiente lealtad hacia sus pacientes para quedarse en su plaza y realizar su trabajo hasta el final”.

Poco antes de finalizar el siglo pasado, en noviembre de 1996, celebramos en Granada un Congreso Internacional de Medicina de Familia y Comunitaria, organizado por SEMFYC, en el cual se desarrollaría una mesa a la que se le dio mucha importancia, ya que en ella se tratarían ponencias sobre Medicina Rural. Un año antes habíamos organizado un grupo de Medicina Rural dentro de esta Sociedad Científica y los ponentes de dicha mesa éramos algunos compañeros del citado grupo. Mi ponencia se denominaba “Medicina de Familia en el Medio Rural en el siglo XXI”.

Estábamos convencidos en aquel momento que la Medicina Rural tenía un futuro esperanzador. Nada parecido a lo que está ocurriendo ahora. Nuestra misión entonces era entusiasmar y convencer a nuestros compañeros para que acudieran a trabajar a los pueblos. La Medicina de Familia, en ese medio,  era desconocida y poco valorada y los nuevos Médicos de Familia tenían que conocer las características y los atractivos que la diferenciaban de la del medio urbano. La vida en el medio rural tiene, para el médico, una serie de características que le hacen ser el genuino médico de familia.

Para mí un Médico Rural es aquel médico que atiende a las personas de una manera integral y con continuidad, en su entorno familiar y social. La linealidad, la integración y la participación del tejido social en la atención sanitaria son fundamentales en la eficiencia de su ejercicio profesional que, hasta que llegó la Reforma Sanitaria, realizaba con mucha precariedad de medios.

Como complemento de lo anterior ha de conocer bien el medio ambiente y los riesgos atribuibles a sus características, así como ser consciente de los valores, actitudes, costumbres, creencias y tradiciones de los vecinos. En ocasiones algunas de las patologías que sufre la población están relacionadas con estos aspectos de la vida cotidiana.

Por ello, el ejercicio profesional del médico en el pueblo tiene unas diferencias con la de quien ejerce en la ciudad. Como ventajas o razones positivas diré que la satisfacción de los pacientes es superior con los rurales que, con los urbanos, aunque no significativa, ya que la consideración que se nos tiene a los Médicos de Familia es muy elevada. Por ello la relación médico-paciente, las técnicas de entrevista y la atención a la familia son diferentes debido a la idiosincrasia del medio rural. Suelen ser personas sencillas, humildes, modestas, comprensivas y podríamos decir sin desestimación alguna, que generalmente son más dóciles y obedientes a nuestros consejos.

Estas últimas características facilitan la tarea a quienes, como a mí, les apasiona la Educación para la Salud, la promoción de la misma, la relación y atención a la comunidad y por supuesto la identificación de los líderes sociales, de quienes echar mano cuando se quiera implementar cualquier proyecto saludable. Su labor difusora es imprescindible, ya que hoy día manejan no solo el “boca a boca” sino todo tipo de redes sociales.

Algo que me ha llamado siempre la atención es la actitud ante la muerte y la enfermedad que tienen en el medio rural, diferente a la del urbano y también esta varía según la distancia que hay hasta el hospital y de lo aislado que esté el pueblo, así como de las comunicaciones. La objetividad ante la realidad, la resignación ante lo evidente, la filosofía de vida de las personas que viven en pueblos es admirable y aún más mientras más pequeños sean los núcleos de población.

Para mí, todo lo anterior han sido ventajas o algo positivo que quisiera invitar a sentir a quienes lo desconocen.

También hay una serie de desventajas o razones negativas que pueden ahuyentar a los posibles candidatos a ejercer en pueblos.

Lo que antiguamente era un obstáculo para muchos, al tener que estar de servicio permanente las 24 horas, –reconozco que para mí no lo era- se solucionó con la Reforma de Atención Primaria, estableciéndose horarios y turnos de guardia. De esta manera dependía de la voluntariedad de cada uno el permanecer viviendo en el pueblo si te apetecía.

Pesa mucho el aislamiento profesional, formativo, cultural, social y familiar. En los tiempos que corren, se palia con las modernas comunicaciones, si bien suponía un sacrificio y un coste económico extra, amén de molestias, tener a tus hijos fuera del domicilio familiar para poder estudiar, no poder asistir a muchos actos culturales que se celebraran en la capital, el estar en contacto físico con otros compañeros de tu profesión y amigos y un largo etc.

Aunque no es relevante, ya que el Médico de Familia está preparado y formado para poder atender a las personas desde que nacen hasta que mueren, hay algo bastante generalizado cual es la ausencia de pediatras en los centros de salud rurales con lo que el médico de familia ha de hacerse cargo de la atención infantil.  


Pero estos inconvenientes eran contrarrestados por una serie de
 ventajas y razones positivas que pueden ser atractivas para convencer a los jóvenes a venirse al medio rural.

En el pueblo te das cuenta de tu pluripotencialidad. Hasta que no te encuentras solo, inmerso en esa aventura –y eres joven para vivirla e incluso disfrutarla- no eras consciente de muchas de tus capacidades.

Poco a poco te vas dando cuenta de que tu relación con los pacientes, con tus vecinos, es cada día más satisfactoria en ambos sentidos, lo que favorece la atención. Y esa satisfacción va aumentando conforme pasa el tiempo y cuando te das cuenta eres un referente de la linealidad en Atención Primaria. Eso de llegar a conocer y que te conozcan cinco o seis generaciones familiares es algo que hay que conocer y vivir para saber de qué se trata, cómo se disfruta y cuánto te ayuda en tu labor.

Tienes una mayor autonomía y facilidades para organizar tu trabajo clínico y preventivo y para realizar proyectos relacionados con la salud pública, promoción de la salud y educación sanitaria, así como participación de la comunidad y todo esto lo puedes llevar a cabo coordinado con otros profesionales sanitarios.

También puedes hacer múltiples y variados tipos de investigaciones como pueden ser sobre enfermedades infecciosas, geriatría, atención infantil, salud comunitaria, urgencias, salud mental, mortalidad, aspectos relacionados con el duelo, enfermedades y enfermos terminales, educación para la salud, etc.

En resumen: Gracias a que la población es limitada y estable, por lo que es mejor conocida y hay mayor posibilidad de contacto con los líderes sociales, puedes realizar mejor tu trabajo y organizarte con mayor autonomía. Los procesos se siguen mejor gracias a la continuidad y se pueden llevar a cabo estudios prospectivos.

Pero todo lo anterior no es suficiente para atraer médicos a los pueblos. La Administración tiene que poner de su parte si no quiere que la “España vaciada” se convierta en una “España abandonada” en el aspecto sanitario. Tiene que aportar valor añadido a ese sacrificio que supone el trabajar en solitario en lugares con dispersión geográfica, distantes de la ciudad y lejos de un hospital, viviendo en el mismo entorno donde trabajas, con personas con diferente nivel cultural, teniendo que atender niños, embarazadas, urgencias, etc. Además de un permanente reconocimiento por parte de la Administración, Comunidad y Organizaciones Profesionales, el Estado debe establecer una serie de incentivos como pueden ser, por ejemplo: Dando mayor autonomía de gestión y organización, mejorando la comunicación telemática, videoconferencias, telemedicina, transmisión vía satélite, etc. Primero que a nadie llevarlo al medio rural. Mejorando las infraestructuras y carreteras. Así mismo se deben potenciar las relaciones con el hospital y especialidades hospitalarias. Se debe facilitar la formación de redes de comunicación entre los médicos rurales y creación de grupos de trabajo y de ayuda mutua, entre los compañeros más próximos geográficamente.

La Medicina Rural se debe tratar en la Facultad como asignatura propia. Creo que es buena idea también, además de un profesorado específico, llevar a la Facultad a médicos líderes rurales enamorados de su trabajo, que potencien los aspectos positivos y minoren los negativos. Los MIR de Familia deberían rotar por el medio rural durante un tiempo no inferior a 6 meses, con un programa amplio específico.

Y en el aspecto profesional y familiar, se deberá facilitar la conciliación familiar, ofreciéndoles una vivienda digna y gratuita, diferenciar los salarios respecto a los que trabajan en la ciudad, mejorando la dotación y equipamiento de medios de diagnóstico, promoción profesional, mejoras en los baremos puntuando los servicios y la permanencia en el mismo sitio, el doble que en el urbano. Es importante hacer ostensible el apoyo a la investigación en el medio rural y también que se les den facilidades para asistir a congresos nacionales e internacionales.

En muchos de estos últimos incentivos pueden colaborar –y seguro que lo harían con agrado-los Ayuntamientos y las Diputaciones provinciales.

No me extiendo más. Con estos párrafos he querido sintetizar mis sentimientos y mi opinión sobre la Medicina Rural. Es mi granito de arena en la construcción de un soporte firme que sirva para convencer a los nuevos Médicos de Familia -e incluso a los no tan jóvenes- para que se acerquen a este modelo de ejercer la Medicina en unas condiciones diferentes.





06 marzo, 2019

Necesitamos una Atención Primaria menos infectada de prejuicios (Artículo de Dr. Juan Simó. Médico de familia. Centro de salud Rochapea. Pamplona. Navarra. España. ju.simom@gmail.com

Necesitamos una Atención Primaria menos infectada de prejuicios (Artículo de Dr. Juan Simó. Médico de familia. Centro de salud Rochapea. Pamplona. Navarra. España. 

ju.simom@gmail.com



Sólo hay un punto de partida para mejorar la atención primaria: disminuir la interferencia de los prejuicios en la búsqueda de soluciones. Tendemos a considerar por encima de todo aquello que fortalece nuestras convicciones y apenas consideramos aquello que las debilita. Un auténtico sesgo cognitivo que impide ampliar las vías de salida y mejora. Es más, en un afán simplificador, tendemos a pensar que todo se arreglaría modificando un "par de cosas". Y... ¡cómo no!... cada uno de nosotros tiene ese "par de cosas" preferido que es, precisamente, aquel más próximo a sus convicciones, en el mejor de los casos, o a sus prejuicios, en el peor. Lo explican muy bien la viñeta adjunta de El Roto ("Me gusta informarme para reforzar mis prejuicios") y la palabras de Michael Sandel en el vídeo insertado al final de esta entrada ("Hoy la gente solo escucha opiniones que refuerzan lo que ya cree"). Esto nos lleva normalmente a un estéril pseudodebate alrededor de lugares comunes en un bucle sin salida.

Prejuicios tenemos todos, yo el primero. Y la neutralización de los mismos sólo puede venir de un lado: el de los datos. Muchos de mis prejuicios fueron hace tiempo aniquilados por los datos. Algunos otros todavía perduran y con ellos no han podido los datos por ser éstos endebles o, lo que es peor, por auténtica "resistencia" del prejuicio al dato. Por eso, en este blog intento publicar más datos que opinión. Sin embargo hoy haré una excepción y, por lo tanto, puede que se me escape algún prejuicio.

Desmoralización profesional


La situación de la atención primaria es peor de lo que parece pues la desmoralización del grueso de la tropa es patente. Nos encontramos en crisis, en una etapa de interregno en la que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Quizá el asunto vaya ligado a la biología del grueso de la tropa. Los años no pasan en balde y las seminales generaciones de referentes, en su momento innovadores y propulsores del cambio, están al borde de la jubilación o ya jubilados, mientras comprobamos el escaso recambio generacional. Entre unos y otros, queda en medio el alicaído, envejecido y desmoralizado grueso de la tropa. Desde mi punto de vista, este es el principal problema que tenemos: nosotros mismos. Y lo que es peor, dudo que esa "savia nueva" que está por llegar a los centros de salud, procedente de los diferentes dispositivos de urgencias, de contratos basura tipo "sustitutos de todo y para todo" y de la emigración, venga con el empuje y las ideas necesarias para el cambio. Es probable que los esperanzadores "brotes verdes" existentes (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) no vayan más allá de la excepción que confirma la regla. Además, el "sueño americano" de la plaza en propiedad es a veces peor para la conciliación, lo que aminora la moral de las más jóvenes (aquí). [Nada me alegraría más que equivocarme con este prejuicio y que la "savia nueva" que está por llegar consiga las mejoras necesarias que el actual grueso de la tropa parece incapaz de lograr].


Las cadenas: entre la indefensión aprendida y el síndrome de Estocolmo

La crisis económica y sus recortes de motosierra en el sistema han repercutido mal en la moral de sus profesionales, especialmente en la atención primaria donde el hachazo en el gasto de personal ha sido mucho mayor que en el hospital. Esta repercusión en la moral es algo que en algún momento habrá que estudiar pero sus consecuencias ya son palpables. Hace 15 años, con el grueso de la tropa 15 años más joven, algunas cosas se hubieran conseguido con dinero, ahora no las consigues ni pagando. Hablo de, por ejemplo, poner en marcha la cirugía menor en un centro de salud. Los incentivos económicos parece que no mueven, algo paradójico dada la evidente pérdida de poder adquisitivo del salario de los profesionales. Por lo visto, la pérdida de moral supera a la económica y ha conducido a un irreversible acomodamiento a "las cadenas" que, de modo nefasto, produce "marqueses" y "marquesas" adaptados al modo "no complicado" de ejercer (aquí). Al final, uno se adapta por superviviencia a unas "cadenas" que muchas veces son más mentales que reales, como las de este caballo atado a una silla de plástico. Unas "cadenas" que llevamos con resignación conformista en un estado a medio camino entre la indefensión aprendida y el síndrome de Estocolmo, que anula la innovación "desde abajo" y aviva la cultura de la queja. [Me gustaría equivocarme con este prejuicio y que la moral del quejumbroso grueso de la tropa fuera mayor y con el ímpetu y vigor de hace 15 años (aquí, aquí, y aquí)].


Reconocimiento, flexibilidad e innovación "desde abajo"

Por lo tanto, necesitamos más una transición que una ruptura. La transición tiene la ventaja de no dejar demasiados "cadáveres" en el camino pero es más complicada de llevar a cabo que la ruptura, que el borrón y cuenta nueva. El cambio a mejor en la atención primaria sólo será posible si se consensúa un plan que lo posibilite (no que lo defina), libre de prejuicios y lugares comunes tan tozudamente falsos como reiteradamente invocados. La palabra clave es RECONOCIMIENTO. Reconocer en el sentido de ADMITIR la parte de razón que tiene el otro y poner las bases (incluso desde el punto de vista legislativo) para que la atención primaria "PUEDA" hacer más que "DEBA" hacer. Necesitamos, pues, un plan menos prescriptivo y rígido y más abierto y flexible al abanico de alternativas innovadoras que sin duda necesitamos como el comer, al menos desde el punto de vista organizativo. Pues si algo está claro, es el agotamiento del modelo mediante la innovación "desde arriba". Muchos años lo atestiguan. Los cambios, incluidos los legislativos, han de promocionar, no sólo posibilitar (ahora se imposibilita), la innovación "desde abajo". Eso no significa que no se necesiten gestores, claro que se necesitan. Pero no esas voces de sus amos que, salvando las contadísimas y honrosísimas excepciones, son poco más que capataces de una cuadrilla de convictos. Y claro, si pones meros capataces, tendrás irremediablemente meros convictos, encadenados unos a otros por el tobillo o por el mismo gaznate, compartiendo destino. [También me gustaría equivocarme con este prejuicio y que todos los gestores del SNS fueran auténticos facilitadores del desarrollo y empoderamineto de la atención primaria y del médico de familia].


Cosas urgentes y cosas importantes

Necesitamos poner en marcha dos tipos de medidas, unas urgentes y otras importantes. Las urgentes tienen que ver con paliar en alguna medida la sobredemanda, el sobreesfuerzo y la precariedad derivados de los recortes sufridos por la atención primaria durante la crisis y de los cuales todavía no nos hemos recuperado ni por el forro. Pero no nos equivoquemos, estas medidas por muy "urgentes" que sean no son lo nuclear ni sustituyen a las verdaderamente importantes. La sobredemanda estructural e intrínseca al modelo existente y otros problemas, fundamentalmente derivados del desprestigio y descremado sociológico de la atención primaria, se solucionan de otro modo. Ángel Ruiz Téllez diferencia muy bien entre una sobredemanda y la otra y sus diferentes terapias en estas entradas del blog de Rafa Bravo (aquí y aquí). Algunas cosas se solucionan con dinero pero otras sólo se solucionan con cambios sistémicos sustanciales en el modelo, a nivel de "ecosistema" sanitario, lo cual involucra al hospital y a los ciudadanos. [También me gustaría equivocarme en este prejuicio y que todos los problemas de la atención primaria se solucionaran con dinero].

Debemos hacernos determinadas preguntas


Y también toca hacernos algunas preguntas. ¿Queremos una atención primaria en la que uno pueda elegir con quién trabaja? ¿Queremos una atención primaria en la que el médico de familia pueda elegir al especialista al que deriva o interconsulta el paciente y el dinero "siga" a éste? ¿Queremos más autonomía y la rendición de cuentas indefectiblemente asociada? ¿O queremos más de lo mismo? ¿Cuántos años-lustros-décadas puede estar un médico de familia sin pasar consulta para que pierda la habilitación del título? Lo digo por todos aquellos compañeros que marcharon un día de la consulta a la gestión y que muchos años-lustros-décadas después siguen sin volver a la consulta y gestionando "desde arriba" un modelo irremediablemente agotado. ¿De verdad teníamos un sistema sanitario público universal e igual para todos antes del Mato-decreto de 2012? ¿De verdad lo tenemos ahora? Lo digo, por ejemplo, por todas esas "mareas verdes" y sindicatos que dicen defender la cosa pública pero que a la hora de la verdad eligen y defienden para ellos sanidad privada directamente pagada (o incentivada fiscalmente) con dinero público y sin atención primaria. ¿Dónde queda la responsabilidad individual en la sanidad pública? Lo digo por el mantra que hace del copago, incluido el farmacéutico, la encarnación del mismo demonio y señala la imperiosa necesidad de un exorcismo que lo extirpe del alma del sistema. ¿Debemos de seguir pagando con dinero público, y sin pestañear, seguros médicos privados a todos los empleados y familiares de, por ejemplo, Televisión Española o Banco de España, entre otros (aquí)? Lo digo por los millones de euros que se nos van por el desagüe en estas y otras "regalías" (aquí); millones de euros públicos que salen de los impuestos de, sobre todo, aquellos que no las disfrutan. ¿El médico de familia ha de gestionar la "demanda" o la "necesidad"? Lo digo porque una cosa no es lo mismo que la otra y, por tanto, el sistema de información que se necesita no sería tampoco el mismo. Necesitamos, pues, responder a estas y a otras preguntas de similar rango sin infectarnos de prejuicios y lugares comunes.

Atados a una silla de plástico esperando el "alivio"

Si ni siquiera estamos dispuestos a plantearnos estas preguntas y seguimos igual, habrá que apechugar con lo que venga; es decir, más de lo mismo. Dentro de 15 años, antes si ocurre una nueva recesión, estaremos en las mismas y con una atención primaria más descapitalizada y más descremada sociológicamente si cabe. Vendrá entonces el político de turno a decirnos, como ahora, que nos reduce un poquito el cupo para "aliviarnos" (aquí) y le haremos la ola tan contentos. Si sólo queremos "un alivio", pues no se hable más... total, para lo que nos queda en el convento... sigamos atados inmóviles a la silla de plástico esperando nuestra oportunidad (aquí). Acabo mostrando, en especial a quienes creen en los "alivios" políticos, este titular de hace casi 20 años ("Cataluña se plantea el reto de convertir primaria en protagonista"), referido a la atención primaria catalana pero que aplica a cualquier atención primaria del resto de las Españas. Lo digo por los planes y estrategias que dan "protagonismo" a la atención primaria que surgen (aquí y aquí) y surgirán en breve para neutralizar eventuales movilizaciones o al calor de unas elecciones generales y autonómicas... como surgieron años-lustros-décadas atrás. ¿De verdad necesitamos un nuevo AP21 y sus versiones autonómicas que nos tengan entreteniditos durante unos añitos más? ¿Hasta que nos jubilemos? ¿Más de lo mismo? ¿La parálisis por el análisis? No con mi dinero, ni con mi tiempo.

07 marzo, 2009

Cuando no tienes Médico de Cabecera 24 horas al dia

A raíz de un tema surgido en el Foro Ciudadano de Monturque (http://www.aytomonturque.org/index.php?option=com_fireboard&Itemid=147&func=view&catid=9&id=871#871) se ha abierto un debate en el que he participado. Esta amistosa discusión trata sobre la permanencia del Médico en el pueblo las 24 horas del día. Es un debate interesante y como conozco el problema desde todos los puntos de vista y posiciones posibles, he participado en el mismo aproximadamente en los términos que siguen:
Conozco el tema como Médico que fui de Monturque durante cinco años y pico; lo conozco como Alcalde, que también lo fui; como ciudadano de a pie y como Gerente del Servicio Andaluz de Salud, ya que también he sido Director de Distrito Sanitario, si bien de otra Comarca Cordobesa. Fui Médico Titular de Monturque desde el 22 de Octubre de 1975 hasta el 17 de Noviembre de 1980. En el último año también fui Alcalde (primeras elecciones municipales democráticas) en las listas del Partido Socialista de Andalucía. Lamentablemente tuve que ausentarme de Monturque al ser desplazado de mi plaza de Médico por otro que por el hecho de ser Ginecólogo(¡¡vaya paradoja!!) tenía más "méritos" que yo para ocupar la plaza. Como yo estaba en el pueblo por el hecho de ser Médico (y no por ser Alcalde) tuve que irme con todo el dolor de mi corazón y en contra del deseo de todos. Como Médico o como Alcalde, estaba al servicio de Monturque las 24 horas del día, y lo mismo me daba atender un problema sanitario en la Alcaldía que un problema de Ayuntamiento en la consulta: Estaba a disposición del pueblo. Era agotador, pero me encantaba hacerlo. Incluso tenía que atender yo solo a la vecina población de Moriles cuando faltaba el titular de allí.
Puede que lo que vaya a decir a continuación esté sesgado en el sentido de que soy un “todo terreno” y soy muy drástico a la hora de trabajar.
Después de esta introducción, que creo necesario hacer, diré de entrada, que estoy de acuerdo en que el Médico de Familia viva en el lugar donde trabaja. Pero no todos son de mi opinión. El estar de servicio las 24 horas del día y los 365 dias del año al pie del cañón no lo aguanta todo el mundo, y menos en los tiempos que corren, en los que hemos llegado a la “barra libre” en lo que afecta a la Sanidad. En la actualidad, trabajando 7 horas al día (de 8 a 15 horas), y soy de los que cumplen a rajatabla el horario, estoy mucho más estresado que cuando estaba disponible las 24 horas, cuando estuve en Monturque. A pesar de ello, entonces disfruté de mayor tranquilidad. Aquellos tiempos no son los de ahora. La manera de entender la salud y el acceso al Sistema Sanitario, la bajada en el umbral de tolerancia al sufrimiento, la accesibilidad mal entendida, la falta de solidaridad con el cuidado de la economía de nuestro País, la gratuidad de todo para todos ("barra libre") hacen que los trabajadores y profesionales del Sistema Publico de Salud estemos sometidos a un estrés insoportable que por ahora no está siendo notado por la población, gracias a la inmensa profesionalidad de la mayoría, pero a punto de estallar en cualquier momento, creando una grave crisis.
La Reforma Sanitaria de la Atención Primaria supuso un enorme avance en todos los sentidos. Los españoles tenemos que estar orgullosos de ella, y en especial los andaluces, ya que fuimos punta de lanza en la misma. Supuso una mejora para los ciudadanos, para los trabajadores, para los profesionales, para los más necesitados, para los más débiles, etc. Se universalizó la asistencia. Nadie que viviera en nuestro País dejaría de ser atendido por la Sanidad Pública. Se crearon muchas plazas de médicos y enfermeras, se incluyó a los trabajadores sociales en los Equipos Básicos de Atención Primaria (EBAP), se mejoró y acercó la Salud Mental, se disminuyó la ratio pacientes/médico, se amplió el horario de trabajo y de atención a los enfermos, se amplió la atención a la comunidad, se mejoró notablemente la atención a las urgencias, etc, etc. Precisamente ese, el de las URGENCIAS, es el tema de este foro. Esta mejora supuso una gran inversión en instalaciones, equipamiento, personal, vehículos, etc. El único punto en contra era que algunas poblaciones se quedaban sin médico las 24 horas, como ocurrió con Monturque.
Pero pensemos tranquilamente: ¿Cómo compaginar en todas las poblaciones de Andalucía (o de España) una atención urgente de calidad, con la finitud de la economía del Sistema Sanitario, con la finitud del número de profesionales y también con el derecho al descanso de estos, como trabajadores que son? RACIONALIZANDO Y CON SENTIDO COMÚN. Repito, que en contra de una gran mayoría de mis compañeros, soy de la opinión de que el médico debe residir en la población cuyo cuidado de salud tiene encomendado. Pero esto no es posible: no hay economía ni profesionales que puedan soportarlo. Por lo tanto lo que se hizo fue crear puntos de atención continuada donde atender las urgencias, con la condición de que no transcurriesen más de 15-20 minutos desde el momento en que se llama al 061 o al 112 y la llegada del equipo de urgencias. Si miramos atrás, a los tiempos en los que el médico vivía en el pueblo, este no estaba siempre en el consultorio, ya que estaba localizado, y podía estar en cualquier parte del término municipal. Por lo tanto había que ir a buscarlo, darle el aviso, este iba al domicilio del paciente, lo atendía y luego había que ir a la farmacia por las medicinas que le había prescrito. Luego, si había que inyectar alguna medicación, había que buscar al Practicante (ATS o enfermero) que también estaba localizado en cualquier parte del término municipal, llamarlo y que acudiera al domicilio. En aquellos tiempos, en una atención urgente se empleaba más de una hora siempre. Por supuesto si había que trasladar al paciente al Hospital, habría que llamar la ambulancia,... Con el nuevo sistema con una llamada telefónica consigues que acudan al domicilio en diez o quince minutos un equipo formado por médico, enfermera y ambulancia con conductor que a la par es técnico sanitario y solucionan el problema autónomamente, sin necesidad de acudir a farmacia, y si es necesario trasladar al paciente lo hacen de inmediato.
Todo lo anterior puede tener muchas objeciones, y podríamos estar debatiendo mucho tiempo. Estas objeciones se pueden basar en casos concretos en los que se pasa muy mal mientras llega el equipo. Pero también se pasaba mal en los tiempos de espera mientras llegaba el médico a quien no se había podido localizar en su casa o en la consulta porque estaba fuera, bien haciendo un aviso, bien en alguna otra parte del pueblo.
A pesar de ello, no hay que resignarse. Hay que exigir que las urgencias se atiendan en condiciones, con unos parámetros de calidad y eficiencia elevados, con un buen equipamiento técnico, buena formación de quienes las atienden, suficiente número de vehículos y sobre todo suficientes equipos de profesionales, para que dado el caso de necesidad cuando se llame al 061 o al 112 solicitando atención por una emergencia, nunca contesten que el equipo está ocupado en otra urgencia y que tardará en llegar.

27 junio, 2008

Saneando la Sanidad: La ley de Coordinación Sanitaria de 1934

Nigel Townson. Universidad Europea de Madrid

Hace ya 70 años, en el verano de 1934, las Cortes republicanas aprobaron la ley de Coordinación Sanitaria. Era la primera ley sanitaria de trascendencia nacional discutida y aprobada por el parlamento en casi ochenta años -la anterior fue la ley sobre el servicio general de Sanidad de 1855- y, además, se convertiría en la más importante de toda la Segunda República. Sin embargo, entre la abundantísima bibliografía general sobre el régimen casi nunca se cita la reforma sanitaria del 34[1]. Para encontrar alguna referencia al tema hay que acudir más bien a revistas o publicaciones especializadas de la historia de la medicina. En consecuencia, el 70 aniversario de la ley de Coordinación Sanitaria parece un buen momento para evaluar no sólo el impacto de la única ley sanitaria de envergadura nacional de la República, sino él porque de su olvido.
Durante los años anteriores a la Segunda República, las fuerzas republicanas habían mostrado un vivo interés en la reforma sanitaria, sobre todo el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux[2]. No es sorprendente, por tanto, que fuera un gobierno exclusivamente republicano, bajo la dirección de los radicales, el que aprobara el decreto del 25 de noviembre de 1933, según el cual la Subsecretaría de Sanidad y Beneficencia pasó del Ministerio de la Gobernación al Ministerio de Trabajo (que se denominaría en adelante el Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión). Con ello, el perfil de los servicios sanitarios aumentó de una forma notable, dado que la anterior ubicación de la Subsecretaría de Sanidad en Gobernación respondía al concepto decimónico de la sanidad como un asunto de carácter policial que requería la intervención de las fuerzas de seguridad para aislar a las poblaciones afectadas por enfermedades contagiosas y para
suprimir desórdenes públicos que tuvieran su origen en las mismas[3]. Tampoco es sorprendente que fuera un gobierno radical el que presentara al parlamento en junio de 1934 el proyecto de ley de Coordinación Sanitaria. El arquitecto del proyecto fue el Ministro de Trabajo y diputado radical por Lleída, José Estadella Arno. Como médico, Estadella tenía un evidente interés profesional en el asunto, y, además, ostentaba una cierta experiencia administrativa en este campo, dado que había sido el responsable de sanidad y beneficencia en la Mancomunidad de Cataluña entre 1921 y 1922[4]. Su propuesta de ley de 1934 tenía dos objetivos fundamentales, uno muy concreto y otro mucho más amplio[5]. En primer lugar, Estadella quería mejorar las condiciones de trabajo de los médicos titulares. Fue la ley de 1855 sobre el servicio general de Sanidad la que había regulado la contratación de los médicos por parte de los ayuntamientos con el objetivo de dar asistencia a las familias pobres y asesorar a los municipios en relación con su política sanitaria. Los llamados médicos titulares o rurales habían consolidado su posición a lo largo de los años, sobre todo a través del decreto sobre la Inspección General de Sanidad de 1904, pero aun así la situación del “sufrido y humanitario Cuerpo de Médicos Titulares” había sido un tema de escándalo nacional durante décadas[6]. A través de sus asociaciones, publicaciones y congresos, los propios médicos titulares se convirtieron en un lobby notable, llegando incluso, en 1930, a plantear la posibilidad de fundar un Partido Sanitario, como el que existía en Francia[7].
Una queja principal de los médicos titulares era su escasa remuneración. A pesar de sus once años de formación, los médicos titulares, en las dos categorías más bajas, cobraban 1.250 y 1.500
pesetas al mes, lo cual, según un diputado durante el debate parlamentario sobre el proyecto de ley de Coordinación Sanitaria, constituía un salario inferior "al de los serenos, al de los guardas y al de los alguaciles", mientras que su retribución máxima era de 3.000 pesetas. "¡Esto es una vergüenza!", exclamó el mismo diputado[8]. Lo que agravaba aún más esta penosa situación era la falta de puntualidad de los ayuntamientos a la hora de pagar a sus médicos. Había médicos titulares que no habían cobrado en cinco o seis años. De hecho, en el momento del debate de las Cortes algunos médicos estaban contemplando la posibilidad de declararse en huelga precisamente porque no habían recibido sus emolumentos en seis años. Si en 1914 se estimaba que los ayuntamientos debían ocho millones de pesetas a los médicos municipales, en 1934 esa cifra había subido hasta 50 millones, o incluso más[9].
Indudablemente, las deficiencias en relación con los ingresos de los médicos titulares estuvieron íntimamente vinculadas con la dependencia de éstos de los ayuntamientos. En el debate parlamentario del verano del 34, todos los diputados, fueran de la izquierda, centro o derecha,
estaban de acuerdo en que los médicos vivían "merced al favoritismo de una Corporación municipal". En consecuencia, tenían que "tropezar constantemente con la acción caciquil
analfabeta", lo cual significaba que los sanitarios rurales eran "víctimas" constantes de las
"persecuciones y atropellos" de los caciques. Era una situación económica "verdaderamente
dolorosa" para los sanitarios rurales, observó el ministro, "con falta de independencia, sin autoridad material". Asimismo, los médicos "no pueden tampoco tener autoridad moral", y, además, como denunció el diputado socialista Luis Prieto Jiménez, "ni la Monarquía ni la República han podido evitarlo en modo alguno". En palabras del ministro, era "completamente preciso, indispensable" remediar la situación de los médicos titulares[10].
Las deplorables condiciones de trabajo de los médicos titulares formaban parte de un
problema mucho más amplio: el estado lamentable del sistema sanitario español. "Hay infinidad de pueblos en España", declaró ante las Cortes Prieto Jiménez, "donde no se hace la profilaxis
necesaria en las enfermedades infecciosas, en donde la gente se muere sin asistencia médica y
donde no se pueden realizar ni aun las intervenciones quirúrgicas más indispensables". No era
solamente una cuestión de recursos, sino de organización administrativa. Era preciso, afirmó el
diputado ex radical José González Fernández y de la Bandera, "que cese la verdadera anarquía que impera en el régimen sanitario español, porque la multiplicidad de servicios de las Diputaciones, de los Ayuntamientos y del Estado, prestados sin esa coordinación en una misma población o provincia, hace que el gasto sea infinitamente superior al que debe realizarse, y en cambio los resultados prácticos sean completamente nulos". Sin duda, lo más preocupante era el estado de la sanidad en los pueblos, donde no existía ni el personal ni los medios para proporcionar un servicio básico, por no hablar de la incorporación de los últimos avances de la medicina. Habrá que tratar, en palabras del ministro, con ese “desorden profundo y total"[11]. Por otra parte, es cierto que la expectativa de vida en España había subido de una forma apreciable durante las tres primeras décadas del siglo XX, desde 34.9 años en 1900 a 49.9 en 1930, pero aun así quedaba lejos de la media de los países occidentales avanzados, que ostentaban una expectativa en 1930 de 61.7 años[12].
En términos de los médicos titulares, el proyecto de ley de Coordinación Sanitaria propuso una
mejora notable de sus salarios. Se eliminarían los dos emolumentos más bajos (de 1.250 y 1.500
pesetas al mes) "por estimarlas", en palabras del propio proyecto, "excesivamente mezquinas para remunerar un trabajo profesional de tipo facultativo", mientras que la consignación máxima, de 3.000 pesetas, se vería superada por las de 3.400 y 4.000 pesetas. Asimismo, para garantizar el pago el proyecto especificó que la Delegación de Hacienda tendría que retener el dinero procedente del Estado para cada ayuntamiento hasta que la autoridad municipal hubiera pagado al médico titular.
Tanto el delegado de Hacienda como el gobernador civil vigilarían el "exacto cumplimiento" de este sistema de pagos[13].
En términos de la reforma del sistema sanitario en su totalidad, existían básicamente dos
opciones. “O bien se establecía el sistema sanitario ignorando a los entes locales, quedando asumido por el Estado,” como escribe Santiago Muñoz Machado, “o bien se potenciaba la capacidad de aquéllos, permitiéndoles asociarse y participar conjuntamente con el Estado en su gestión”. El principal defecto de la primera elección es que hubiera sido muy costosa, hasta tal punto que la sanidad se hubiera convertido en una de las partidas más caras del presupuesto nacional. Política y económicamente, esa opción hubiera encontrado muchas resistencias, mientras que la segunda era “perfectamente lógica”[14]. Por tanto, el proyecto de ley coordinando los servicios sanitarios, presentado por el ministro de Trabajo en junio de 1934, propuso una reorganización muy extensa del sistema sanitario por medio de la creación de una ‘Mancomunidad de Municipios’ en cada provincia. Hay que subrayar, sin embargo, que estas mancomunidades sanitarias eran muy distintas a las mancomunidades municipales históricas. En primer lugar, estas últimas eran asociaciones voluntarias, mientras que aquellas eran obligatorias. No obstante, Madrid y otras ciudades de más de 150.000 habitantes serían excluidas, según la ley, “siempre que sus servicios estén bien atendidos”, aunque tales urbes podrían ingresar en una mancomunidad de modo voluntario. En segundo lugar, las asociaciones sanitarias se extendieron no sólo a los municipios, sino también a las diputaciones, con el objetivo de mejorar el servicio sanitario tanto a nivel local como provincial.
De esa forma, las mancomunidades proporcionarían a los pueblos acceso a los médicos especializados, con lo cual se podría reemplazar la llamada ‘medicina individual’ del médico titular
con la ‘medicina de equipo’, incluso con la incorporación de ‘equipos móviles’ que se trasladarían
desde la capital provincial a los pueblos para llevar a cabo intervenciones quirúrgicas. Finalmente, el nuevo concepto de mancomunidad no significó, a pesar de los antecedentes históricos, una mayor autonomía para los municipios. Al contrario, las mancomunidades serían, en palabras de la ley, a la vez “representativas de los Municipios” y “Juntas delegadas del Estado”, con lo cual cada mancomunidad actuaría “en función delegada” del Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión, mientras que el ministerio asumiría “la alta dirección técnica y administrativa”[15].
En otras palabras, la ley de Coordinación Sanitaria de 1934 convirtió a los municipios –por
lo menos en relación con la sanidad- en meros agentes subordinados del Estado. “La Sanidad será
una función pública”, declara la misma ley, con lo cual todas las actividades sanitarias, sean
municipales, provinciales o estatales, estaran directamente “bajo la dirección técnica y administrativa del Estado”. Con ello, el Estado no sólo dirigiría la reorganización de los servicios
sino que crearía “grandes sanatorios, dispensarios, preventorios, leproserías y colonias psiquiátricas en un vasto plan de obras sanitarias”. En consecuencia, el intervencionismo del Estado se incrementaría de una forma muy notable, tanto en términos administrativos, técnicos como económicos. Por tanto, se puede considerar la ley de Coordinación Sanitaria como un paso
inequívoco e importante en la estatalización de la sanidad en España[16].
Aún así, la ley de Coordinación Sanitaria no era un fin en sí misma. Al contrario, la ley se
presentó como una primera etapa en la reforma total del sistema sanitario nacional. Esta promesa se encarnó en la ‘Base adicional’ de la ley, la cual afirmó que “en plazo breve” el gobierno presentaría a las Cortes un proyecto de ley para la creación de un Ministerio de Sanidad. Eso tampoco era el final del proceso. El Ministerio previsto enviaría “prontamente” al parlamento “una nueva ley orgánica de sanidad”, que, de un modo “amplio y preciso”, realizaría el desarrollo de un plan “de reorganización sanitaria del país”. Con ello, como explicó el propio ministro ante las Cortes, la ley que coordinaba los servicios sanitarios constituía la reforma “preparatoria de la verdadera ley orgánica de Sanidad”, aunque, subrayó, “sin esos trabajos previos, sin estos estudios preliminares y anteriores, la ley de sanidad será muy difícil de confeccionar”. En otras palabras, la ley de Coordinación Sanitaria era simplemente el paso inicial en la transformación total del sistemasanitario. La clave de bóveda de ese plan ambicioso sería la creación de un ministerio que se dedicaría exclusivamente a los asuntos sanitarios[17].
No existió ninguna duda de que la reforma del sistema sanitario de 1934 era una necesidad
imperiosa. El último proyecto de ley discutido y aprobado por las Cortes era el de 1855 – ¡hacía
casi 80 años! La ley sobre el servicio general de Sanidad de 1855 había constituido una reforma
muy importante en su momento, pero era básicamente preventiva y muy limitada en relación con los aspectos técnicos. Además, durante las décadas restantes del siglo XIX la sanidad en España había sido manifiestamente incapaz de evolucionar al ritmo tanto de los avances médicos como de las necesidades crecientes de la población[18]. A principios del siglo XX, era más que evidente que una nueva ley sanitaria de ámbito nacional era imprescindible[19]. En 1904 el gobierno dictó el decreto sobre la Inspección General de Sanidad que representaba la ampliación y modificación de la ley de 1855, sobre todo en relación con la gestión del Estado. Por otra parte, la Inspección General se inspiraba en los mismos principios que la ley de 1855, siendo fundamentalmente preventiva y financiándose a través de los municipios y las provincias[20]. Para la España de los años 1930, era muy evidente que la Inspección General de Sanidad ya no servía, afirmando incluso el ministro de Trabajo durante el debate parlamentario del verano del 34 que el decreto de 1904 “ha ido de mal en peor”. En suma, la falta de recursos, el caos administrativo y la incapacidad de incorporar nuevos avances científicos habían desembocado, en palabras del ministro, en “una necesidad imprescindible de cambiar radicalmente de orientación”[21].
La importancia de la ley coordinando los servicios sanitarios de 1934 reside no sólo en el
hecho de que fuera la primera ley sanitaria de envergadura nacional aprobada por las Cortes en casi 80 años, sino en que fue la ley sanitaria de mayor envergadura de toda la República. En teoría, significó el primer paso hacia la creación de un Ministerio de Sanidad, una meta tanto de los republicanos como, desde hacía mucho tiempo, de los médicos. Más aun, la reforma del 34 tenía como finalidad no sólo el suministro de un servicio sanitario a los pobres, sino la creación de un sistema público para todos los ciudadanos. Al fin y al cabo, la reforma defendía como último
objetivo, tal y como subrayó González y Fernández de la Bandera en el debate parlamentario, "la
función propiamente sanitaria", como la extensión del sistema "a todo el mundo". En otras palabras, la gran promesa latente de la reforma de 1934 era el establecimiento de un sistema sanitario auténticamente universal, el cual hubiera significado una aportación fundamental a la creación del Estado de bienestar en España[22].
La reforma sanitaria del 34 es notable no sólo por la visión que la inspiró, sino por el espíritu
con el cual se elaboró la ley de Coordinación Sanitaria. Durante el debate parlamentario los
radicales hicieron todo lo posible por crear un consenso inter-partidista sobre el proyecto de ley.
Mientras que el diputado radical y secretario de la Comisión de Trabajo, Francisco Morayta, hizo
hincapié en que el proyecto no era una propuesta gubernamental, sino un dictamen de la Comisión, además, "aprobado unánimemente por todos los componentes", el propio ministro de Trabajo insistió en que el gobierno aspiraba a "recoger el sentir de todas las fracciones de la Cámara". Y la verdad es que ese deseo de confeccionar el proyecto de ley de una forma consensuada –lo que el diputado de Izquierda Republicana Aurelio Ramos Acosta definió como "altruismo y buena fe"- fue reconocido por todos los partidos. Al final, el proyecto de ley consiguió la aprobación de todas las fuerzas de la Comisión, incluso la de los radicales disidentes, tal como González y Fernández de la Bandera, que se habían escindido del partido solamente un mes antes. Con ello, la naturaleza constructiva y conciliatoria del debate sobre el proyecto de ley de Coordinación Sanitaria es un fiel reflejo del espíritu centrista del Partido Radical, y contradice hasta un punto la imagen muy extendida en la bibliografía sobre la República de un parlamento implacablemente dividido entre la izquierda y la derecha[23]
A pesar de la reconocida necesidad de una nueva ley sanitaria y el espíritu constructivo con el cual se llevó a cabo el debate parlamentario sobre la misma, el proyecto de ley coordinando los
servicios sanitarios fue el blanco de fuertes críticas. El sueldo mínimo propuesto para los médicos
titulares –de 2.000 pesetas- fue rechazado por diputados tanto de la derecha como de la izquierda por ser insuficiente. Ramos Acosta preguntó de una forma retórica si el nuevo pago mínimo “¿os parece legítimo, os parece humano?”, y, junto con el diputado agrario Nicasio Velayos, recomendó uno de 3.000 pesetas. El diputado radical Eloy Vaquero, el presidente de la Comisión, una vez que había subrayado que el nuevo mínimo representaba una “importantísima mejora”, replicó que una subida de esas dimensiones era “imposible” por razones económicas, aunque admitió que “para lo futuro” el diputado de Izquierda Republicana “lleva razón”. También se puso en cuestión el propio sistema de pago. Ramos Acosta, con una plétora de casos ilustrativos de su circunscripción de Málaga, insistió en que la mayoría de los pueblos pequeños no recibían el dinero suficiente por parte del Estado para poder cubrir sus gastos sanitarios, sin hablar de los que ocasionaría la nueva ley. Como alternativa, el diputado republicano propuso que el Estado asumiera la deuda de los pueblos en esta materia, pero su propuesta fue rechazada por la Comisión como impracticable[24].
Aún más vivo fue el debate sobre si el proyecto de ley representaba o no un ataque a la autonomía de los ayuntamientos. El diputado del Partido Liberal Demócrata Alfredo Martínez y
García-Argüelles denunció el proyecto como “el primer paso para la negación total de la vida
administrativa y política de los municipios, y en este sentido resulta un atentado al principio
fundamental de la democracia”, mientras que un diputado de la CEDA rogó que se suspendiera la
discusión del proyecto hasta que se conocieran los resultados de una manifestación del día 24 de
junio de los ayuntamientos aragoneses. Por otra parte, los defensores del proyecto mantuvieron que los municipios habían fracasado estrepitosamente a la hora de suministrar un servicio sanitario, y que la intervención del Estado era inevitable si se quería mejorarlo. Y, de hecho, la mayoría aceptó que era "lógico" que el Estado asumiera un papel más intervencionista en la organización de la sanidad[25].
Sin embargo, el aspecto más criticado del proyecto de Coordinación Sanitaria fue el económico. La financiación del "vasto plan de obras sanitarias" mencionado en el proyecto dependería de la aprobación parlamentaria de otro proyecto de ley, en un futuro no especificado, y de una cantidad de dinero aún por concretar. Mientras tanto, los nuevos servicios sanitarios de la ley
del 34 se financiarían a través de la hacienda de los ayuntamientos, pero, como muchos diputados reclamaban, ésta estaba ya "precaria y angustiosa" y era poco probable que los municipios pudieran cumplir con nuevas obligaciones económicas. En realidad, la escasa implicación financiera del Estado en el sistema significaba que el proyecto, como concluyó el socialista Prieto Jiménez, "se asienta sobre unas bases fundamentalmente falsas", y por eso era "muy posible que le acompañe el fracaso"[26].
La verdad es que el proyecto de Coordinación Sanitaria no se hubiera aprobado solo por sus
propios méritos. El proyecto, como observó González y Fernández de la Bandera, no satisfizo "ni al mismo Ministro...ni a la Comisión", pero constituía "un buen propósito, un buen deseo" que habría que apoyar para poder facilitar, "en un plazo lo más breve posible", una nueva ley[27]. En
consecuencia, diputados de todas las tendencias políticas rogaron al gobierno que entregara a las
Cortes lo antes posible un proyecto de ley que hiciera realidad la base adicional de la ley de
Coordinación Sanitaria, según la cual se crearía un Ministerio de Sanidad, que, posteriormente,
presentaría una ley Orgánica de Sanidad. Incluso el secretario radical de la Comisión, Morayta,
imploró al gobierno que presentara un nuevo proyecto de ley "cuanto antes, con objeto de que
comencemos de una vez a resolver los problemas de la sanidad pública en España". El ministro de Trabajo contestó que, efectivamente, una ley Orgánica de Sanidad era "una necesidad
nacional"[28].
La tragedia es que la muy esperada ley Orgánica de Sanidad ni siquiera llegó a las Cortes,
como tampoco el borrador de la creación del Ministerio de Sanidad. Un estorbo principal fue la
propia naturaleza de la mayoría parlamentaria. El gobierno centrista dominado por los radicales
dependía del apoyo parlamentario de partidos de la derecha, sobre todo del Partido Agrario y de la CEDA, pero el hecho de que las fuerzas centristas y derechistas no tuvieran en común un programa, ni siquiera una estrategia, debilitó notablemente las aspiraciones reformistas del gobierno. De hecho, el espíritu conciliador que había caracterizado el debate sanitario no tuvo nada que ver con las prolongadas discusiones parlamentarias del verano del 34 sobre la huelga agraria, la ley de cultivos de la Generalitat y el concierto económico del País Vasco. Por tanto, el gobierno se vio obligado a dedicar muchísimo tiempo no sólo a la búsqueda de soluciones a estos conflictos, sino a defenderse de los ataques constantes tanto de la izquierda como de la derecha, lo cual redujo enormemente el tiempo que dedicó a su propia agenda legislativa. Una vez que la CEDA entró en el gobierno en octubre de 1934 y los socialistas declararon la huelga general, y después de que los nacionalistas catalanes proclamaran la independencia y los socialistas y anarcosindicalistas de Asturias llevaran a cabo la revolución, la esperanza centrista de llevar a cabo la reforma sanitaria menguó gravemente[29].
Durante los meses posteriores a las sublevaciones de octubre de 1934, el gobierno estuvo absorbido no sólo por la represión sino por sus propias diferencias sobre la naturaleza y la magnitud de la misma. Además, la derecha se aprovechó de la radicalización del ambiente político para perseguir su agenda contrarreformista con más empuje que nunca, lo que acentuó aun más las divisiones dentro de la mayoría gobernante entre las fuerzas centristas y derechistas. Como
consecuencia de ello, los partidos centristas se encontraban a la defensiva, con poco margen de
maniobra para poder avanzar en sus aspiraciones reformistas. De hecho, en noviembre del 34 se
suspendió la aplicación de la ley de Coordinación Sanitaria durante cuatro meses mientras que el
gobierno intentaba abordar las consecuencias de los levantamientos del mes anterior. Aunque se
recuperó el espíritu reformista del centro bajo el gobierno fugaz de abril a mayo de 1935, que se
formó en contra de la voluntad de la derecha, una vez que ésta alcanzó -por primera vez en la
República- la mayoría gubernamental en mayo del 35, era difícil ver cómo los radicales podrían
llevar a cabo su reforma sanitaria, sobre todo dado que el nuevo ministerio de Hacienda, Joaquín
Chapaprieta, estaba empeñado en reducir drásticamente el gasto público[30]. Ese mismo mes, un grupo de diputados, encabezado por el radical Antonio Tuñón de Lara, intentó relanzar la reforma sanitaria, y en particular impulsar la creación de un Ministerio de Sanidad, a través de una proposición no de ley. Mientras que Tuñón de Lara denunciaba el “completo desbarajuste” de la sanidad, el ex radical González Fernández de la Bandera mantenía que la no aplicación de la ley de Coordinación Sanitaria había dejado el sistema sanitario “infinitamente peor”[31]. En junio del 35, algunos diputados republicanos de izquierda también rogaron al gobierno que aplicara la ley sanitaria de 1934, pero el auge de la derecha, junto con la política económica liberal de Chapaprieta, frustró estos esfuerzos de reactivar la reforma sanitaria[32]. Durante ese mes, al menos, se dictó por decreto el reglamento de la ley de Coordinación Sanitaria. Sin embargo, la aprobación de la ley de Restricciones de Chapaprieta en agosto del 35, según la cual se fusionaron los ministerios de Justicia y Trabajo en un nuevo Ministerio de Justicia, Trabajo y Sanidad, con la supresión de las Direcciones Generales de Sanidad y Beneficencia, supuso un duro golpe a la reforma sanitaria. El hundimiento de la mayoría gobernante en noviembre del 35, debido a los escándalos ‘Estraperlo’ y ‘Tayá’, marcó el punto final de la reforma sanitaria bajo la segunda legislatura de la República.
En conclusión, se puede considerar a ley de Coordinación Sanitaria, en particular, y a la reforma sanitaria, en general, como unas víctimas más de la endémica inestabilidad política del segundo bienio. El hecho de que la ley de Coordinación Sanitaria de 1934, y la tremenda promesa reformista que encarnaba, nunca se realizara, se debió en parte a la falta de empuje de los propios autores de la reforma, pero sobre todo a las vicisitudes políticas de los años 1934-1935. Aun así, la ley del 34 no murió. Fue incorporada a la ley de Bases de Sanidad de noviembre de 1944 y, de esa forma, perduró hasta 1967. Por tanto, la gran ironía de la ley de Coordinación Sanitaria de 1934 es que tuvo muy poco impacto durante los años 1930, pero se convirtió en una de las reformas más duraderas de la Segunda República, paradójicamente ya bajo el régimen franquista[33].
Nigel Townson. Universidad Europea de Madrid
[1] Trato brevemente de la ley de Coordinación Sanitaria en mi libro La república que no pudo ser:
la política de centro en España (1931-1936) (Taurus, Madrid, 2002), pp. 301-302 y 351.
[2] El propio Lerroux fue uno de los autores de una proposición de ley de 1914 que tuvo como
finalidad la conversión de los médicos titulares en funcionarios. Veáse el Diario de las Sesiones de
Cortes (en adelante, 'DSC') del 20 de junio de 1934, pp. 3827-3828. Poco antes del advenimiento de
la República, en agosto de 1930, el líder radical se comprometió públicamente a crear un Ministerio
de Sanidad e Higiene, así como incorporar a los médicos municipales en el funcionariado. Citado
por Enrique Montero Hernández, "La republicanización de las organizaciones profesionales en la
caída de la monarquía", en Nigel Townson (editor), El republicanismo en España (1830-1977)
(Alianza, Madrid, 1994), p. 316. El interés de los republicanos de izquierda se refleja, por ejemplo,
en las Bases del Ideario Político de Accion Republicana, en Eduardo Espín, Azaña en el poder. El
partido de Acción Republicana (CIS, Madrid, 1980), p. 316.
[3] Para el concepto decimónico de la sanidad, veáse Santiago Muñoz Machado, La sanidad
pública en España (Evolución histórica y situación actual) (Madrid, 1975), pp. 15 y 25-33.
[4] Veáse Joan B. Culla i Clara, El republicanisme lerrouxista a Catalunya (1901-1923) (Barcelona,
1986), p. 350.
[5] El proyecto de ley está en DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º.
[6] Muñoz Machado, La sanidad pública, pp. 138-139. La cita es del decreto sobre la Inspección
General de Sanidad de 1904.
[7] Para la larga campaña de los médicos titulares en defensa de sus intereses, veánse Francisco
Villacorta Baños, Profesionales y burócratas. Estado y poder corporativo en la España del siglo
XX, 1890-1923 (Madrid, 1989), pp. 165-185, 343-346 y 487-493, así como Enrique Montero
Hernández, "La republicanización de las organizaciones profesionales en la caída de la monarquía",
en Townson (editor), El republicanismo, pp. 315-316.
[8] Veánse las intervenciones del doctor José María Albiñana y de Aurelio Ramos Acosta en DSC,
20 y 22 de junio de 1934 respectivamente.
[9] Veánse las intervenciones del doctor Albiñana, en DSC, 12 de junio de 1934, y de José González
Fernández de la Bandera y de Luis Prieto Jiménez, en DSC, 20 de junio de 1934.
[10] Veánse las intervenciones del doctor Albiñana, DSC, 12 de junio de 1934, del ministro de
Trabajo, Sanidad y Previsión, Vicente Iranzo, en DSC, 19 de junio de 1934 y de Prieto Jiménez, en
DSC, 20 de junio de 1934. Durante el debate parlamentario del verano de 1934, Vicente Iranzo
actuó como ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión de una forma provisional debido a la ausencia
de José Estadella.
[11] DSC, 19 y 20 de junio de 1934.
[12] También es cierto que la distancia entre España y los países occidentales avanzados era algo
menor en 1930 (11.8 años) que en 1900 (15.6 años). Veáse Fausto Dopico y David-Sven Reher, El
declive de la mortalidad en España, 1860-1930 (Madrid, 1998), pp. 29-30.
[13] DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º.
[14] Muñoz Machado, La sanidad pública, p. 155.
[15] En relación con las mancomunidades sanitarias, veánse el proyecto de ley, en DSC, 12 de junio
de 1934, apéndice 4º, la intervención de Francisco Morayta, en DSC, 20 de junio de 1934, así como
las lúcidas observaciones de Muñoz Machado, La sanidad pública, pp. 150 y 156-157.
[16] DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º. Muñoz Machado llega a definir la ley, en La sanidad
pública, p. 160, como “la estatalización, la centralización más absoluta de la Sanidad”.
[17] DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º, y la intervención de Iranzo, en DSC, 19 de junio de
1934.
[18] Muñoz Machado, La sanidad pública, pp. 120-121.
[19] Veánse Carlos Rico-Avello, Historia de la sanidad española (1900-1925) (Madrid, 1969), pp.
22-23 y Muñoz Machado, La sanidad pública, p. 126.
[20] Sobre la Inspección General de Sanidad, veáse Muñoz Machado, La sanidad pública, pp.
122-138.
[21] DSC, 19 de junio de 1934.
[22] DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º, y González y Fernández de la Bandera, en DSC, 21 de
junio de 1934.
[23] DSC, 20, 21 y 22 de junio de 1934.
[24] DSC, 22 de junio de 1934.
[25] Veánse las intervenciones de Alfredo Martínez y García-Argüelles, en DSC, 19 de junio de
1934, y las del doctor José María Albiñana, de Santiago Guallar, Francisco Morayta, y Aurelio
Ramos Acosta en DSC, 20 de junio de 1934.
[26] Veánse el DSC, 12 de junio de 1934, apéndice 4º, y las intervenciones de Guallar, Prieto
Jiménez, y de Ramos Acosta, en DSC, 20 de junio de 1934, así como la de Nicasio Velayos, en
DSC, 21 de junio de 1934.
[27] DSC, 20 y 21 de junio de 1934.
[28] DSC, 22 de junio de 1934. Veáse también la intervención de Prieto Jiménez, en DSC, 20 de
junio de 1934.
[29] Sobre la inestabilidad política entre las elecciones generales de noviembre de 1933 y las
sublevaciones de octubre de 1934, veáse, Townson, La república, pp. 237-313.
[30] Sobre el conflicto dentro de la coalición gobernante después de octubre de 1934, veáse
Townson, La república, pp. 315-380, y para las reformas de Chapaprieta en particular, pp. 350-351.
[31] Veánse las intervenciones de Antonio Tuñón de Lara y de José González Fernández de la
Bandera, en DSC, 23 de mayo de 1935.
[32] DSC, 18 de junio de 1935.
[33] Sobre la duración de la ley de 1934, veáse Muñoz Machado, La sanidad pública, pp. 160-161.
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06 julio, 2003

Antecedentes y Primeros pasos de los Equipos de Atención Primaria

Dr. Bernabé Galán Sánchez. Médico de Familia. ZBS de Fuente Palmera (Córdoba). Secretario General de SEMERGEN.

Al conocerse la proximidad de una Reforma Sanitaria que afectaría a la Atención Primaria de manera considerable, hubo momentos de inquietud como siempre ocurre ante lo desconocido. Una vez desveladas algunas dudas y con la convicción de que no podíamos ir a peor de lo que estábamos, se fue preparando el terreno para acoger favorablemente la llegada de algo que iba a beneficiar de manera importante a los protagonistas de la salud española: a los que había que cuidársela y a quienes tenían que cuidarla.

Aquella primera ilusión de aceptación a trabajar en equipo con otros compañeros de nuestra profesión e incluso de otras profesiones relacionadas con nosotros, se fue desvaneciendo y empañando conforme ha pasado el tiempo. En muchos casos, especialmente en algunas autonomías, incluso fue ilusión de muy pocos ya que los comienzos de la Reforma tuvieron tintes dictatoriales, impositivos y acompañados de importantes pérdidas económicas para muchos, que supusieron un comienzo anómalo y falto de interés. Por lo tanto un comienzo dificultoso y sin ilusión. Sin embargo, podemos decir, que la ilusión de trabajar en equipo y la oportunidad de hacer más de lo que hasta entonces hacíamos los médicos rurales, fue casi generalizada. Como siempre ocurre, unos trabajan o creen que trabajan más que otros, con el mismo sueldo, e incluso salen más beneficiados en el reparto de productividad aquellos que se complican menos.

El Médico Rural de la época anterior a la Reforma de Atención Primaria aguantaba graves problemas, sufría a la par que sus pacientes y estaba aislado. Pero también conoció grandes satisfacciones desconocidas por los médicos actuales: una mejor relación médico-enfermo y un prestigio inconcebible ahora, ambas basadas en la tremenda confianza que depositaban en él sus vecinos. Todo ello era beneficioso para la salud de la población e incluso para la propia salud mental del médico.

¿Cómo nos encontrábamos los Médicos Rurales antes de la Reforma? Intentaré responder esta pregunta basándome en cuatro pilares: Dependencia jerárquica, Aislamiento, Equipamiento y actividades y Motivación y prestigio.

1. DEPENDENCIA: Entonces no había como ahora un Director (o Coordinador) de EAP por que no existía Equipo. Por lo tanto no estábamos expuestos a sus arbitrariedades ni manías, ni sumisión a lo que le impusieran desde más arriba. Se dependía del Alcalde del pueblo, a quien había que pedir permiso incluso para irse de vacaciones o ausentarse del término municipal. Al no existir Ministerio de Sanidad, dependíamos del Ministerio de la Gobernación, a través de la Dirección General de Sanidad y de las Jefaturas Provinciales de Sanidad. Pero también dependíamos del Ministerio de Trabajo a través del I.N.P. (Instituto Nacional de Previsión) y de otros Ministerios (Agricultura, Justicia, Ejército, Marina, Aire, etc.) Posteriormente y con la creación del Ministerio de Sanidad y el advenimiento de las Autonomías se fue complicando la relación de dependencia. Al estar tan dispersa la relación jerárquica había poco control presupuestario y no se conocía realmente lo que nos gastábamos los españoles en cuidar nuestra salud y por lo tanto no se podía planificar. Como es obvio, incluso para los que no conocieron aquella época, es fácil deducir que quien se llevaba la peor parte no de la tarta sino de la bandeja de pasteles de la Sanidad, era la Atención Primaria Rural.

2. AISLAMIENTO: El Médico Rural antes de la Reforma de la Atención Primaria se encontraba en una situación de aislamiento total, ya que no solo carecía de compañeros en quienes apoyarse y se tenía que enfrentar solo a las dificultades con los escasos medios a su alcance, sino que además no podía actualizar conocimientos, e incluso no encontraba personas de similar nivel educativo o cultural con quienes mantener una relación intelectual que le impidiera degradarse en este aspecto. Este hecho le podía llevar a ampararse en distracciones a veces nada recomendables, como podían ser el juego, la bebida, la caza, la política, etc, que le podían distraer de la atención a la población. En este sentido es de justicia reconocer la labor que ha hecho desde su fundación la Sociedad Española de Medicina Rural y Generalista (Semergen) que desde 1965 ha estado apoyando a los médicos rurales, proporcionándoles recursos y respaldo incluso sindical cuando no existían los sindicatos.

3. EQUIPAMIENTO Y ACTIVIDADES: La escasez de medios materiales era generalizada en el medio rural. Tal como llegábamos al pueblo nos manteníamos a nuestra costa: fonendo, aparato de tensión, linterna y en ocasiones otoscopio eran nuestras herramientas de trabajo. Gracias a la participación de los Ayuntamientos en los años 50 se construyeron en casi todas las poblaciones las llamadas Casas del Médico y Centros Rurales de Higiene, que constaban además de la vivienda para el médico, de otras dependencias para consulta, sala de exploración, sala de espera y servicios higiénicos. La ATENCIÓN DOMICILIARIA era la principal actividad y fuente de relación médico-paciente. El Médico Rural debía tener conocimientos extensos además de medicina general en algunas especialidades como Pediatría, Traumatología, Partos, ORL, Oftalmología, etc, para afrontar el día a día. El trabajo se desarrollaba en unas condiciones nada adecuadas para cosechar éxitos frente a la enfermedad. Por eso la labor preventiva era su fuerte y la fuente de satisfacciones, ya que aunque el vulgo no era consciente (y ahora menos) de esta faceta de su actuación, un Médico Rural salvaba muchas más vidas promocionando la salud, previniendo y educando que lo que conseguían los más modernos tratamientos individualizados, trasplantes, etc.

Frecuentemente no solo se atendía la población asignada sino también los pueblos limítrofes, ya que te los acumulaban al no existir paro por aquel entonces. Además había que atender a los menesterosos, mendigos, inmigrantes, etc. Ahora con la universalización de la asistencia se vuelve a hacer.

El Médico Rural, por tanto, no podía decir “me encuentro cansado, me voy a acostar a descansar...” ya que a cualquier hora del día o de la noche te podían llamar. No podías permitirte el lujo de caer enfermo. Ahora tampoco lo puedes hacer en muchas ocasiones, ya que no te sustituyen y la carga de trabajo cae sobre los demás, con el consiguiente perjuicio a la población.

4. MOTIVACIÓN Y PRESTIGIO: La Medicina Rural ha sido siempre la verdadera Medicina de Cabecera y donde el Médico de Familia puede desarrollar más ampliamente sus aspiraciones. Ha ofrecido en todo momento y con los medios disponibles, las mejores posibilidades de ejercer una verdadera medicina integral. Cuando apenas había medios la motivación se alimentaba con la vocación y entrega a los demás. El cansancio después de una jornada agotadora te estimulaba a estar motivado el día siguiente porque sentías que lo que estabas haciendo servía para algo. La rudimentaria sociología del medio rural podía ser aprovechada por el Médico si sabía manejar las situaciones en beneficio de la salud de sus vecinos, aunque pudiera ser tratado por compañeros más jóvenes de generaciones posteriores como demasiado paternalista o autoritario. Entonces podía hacer equipo imaginario basándose en las características sociológicas rurales, y contando como “miembros” al tipo de vida parsimonioso, a la intimidad familiar, a la rapidez de transmisión de opiniones y acontecimientos, al sistema de creencias, a la menor exigencia de técnicas modernas, etc. Todos estos componentes te ayudaban, si sabías coordinarlos, a practicar una magnífica medicina preventiva y una aceptable medicina resolutiva con apenas medios a tu alcance. Por supuesto, todo ello sobre la base de haberse ganado un alto nivel de confianza de la población para que pudieran seguir tus recomendaciones, porque si hay algo en que nos diferenciamos del resto de los Médicos es en la fuerte relación de confianza mutua entre paciente y médico en el medio rural, desconocida o insospechada a la par que envidiada por el resto de los especialistas.

¿QUÉ PASÓ CON LA INTEGRACIÓN??

Con la llegada de la Reforma, tanto la población como los profesionales estaban a la expectativa ya que todos esperaban mejorar: unos en servicios y otros en tranquilidad y sueldo. Pero la realidad no fue así para todos, ya que lo que suponía mayor tranquilidad para el médico con su nuevo horario de 8 a 15, contrastaba con el deseo de la población de poder disponer de sus servicios las 24 horas del día los 365 días del año. En lo que respecta al sueldo, también hubo muchas decepciones y que a gran parte de los médicos integrados nos bajó ostensiblemente nuestro poder adquisitivo, hecho del que aún a estas alturas no nos hemos recuperado. Hay que decir que muchos compañeros sí que mejoraron su sueldo debido a que cobraban una nimiedad. Pero en resumen lo que ocurrió es que nos pusieron unos sueldos a la baja. La promesa de trabajar en equipo, de tener sesiones de formación continuada, de reuniones de coordinación, etc, bien pronto fuimos conscientes de la imposibilidad de realizarlas ya que el aumento de actividad nos ocupaba más tiempo y las distancias y el tiempo empleado en recorrerlas seguía siendo el mismo que antes de la integración.

Me atrevería a establecer unas CARACTERÍSTICAS DE LOS MEDICOS ANTES DE LA INTEGRACIÓN e incluso ver cómo evolucionaron posteriormente, una vez integrados: es posible que no se ajusten exactamente a las de todas las comunidades autónomas pero creo que sí a los que conozco que son los de Andalucía.

Como es conocido de todos en Andalucía la integración fue FORZOSA para los Médicos Titulares de A.P.D., y por lo tanto para la casi totalidad de los Médicos Rurales. Si no abrazabas la Reforma te daban la excedencia forzosa.

Partiendo de esta premisa tan negativa, el comienzo no pudo ser peor, pero sin embargo siempre ha habido dos clases de Médicos: los implicados y los no implicados, tanto con la Reforma como con la población a atender.

ANTES DE LA INTEGRACIÓN, los implicados con la población realizaban las funciones que como Médicos Titulares tenían que hacer, e incluso se preocupaban de ir más allá de lo que se les pedía, tanto en el aspecto preventivo (charlas, consejos, clases en las escuelas, participación en medios de comunicación locales y en consejos y asociaciones de vecinos, etc.) como curativo (disponibilidad permanente, mejor accesibilidad , empatía, etc), estaban integrados en la comunidad, se sentían uno más del pueblo, toleraban bien las guardias y lo de las 24 horas al día los 365 días al año. Comprendían siempre que en las llamadas a deshora siempre existía un motivo de ansiedad tal vez por desconocimiento de la persona que venía a “molestar”, y lejos de contestarle impetuosamente trataría de tranquilizarla. Sin embargo había otra clase de médicos que no estaban en absoluto implicados y que se atenían escuetamente a hacer lo que ellos creían que era su obligación. Lo de las 24 horas al día los 365 días al año no lo soportaban y como lo de la obligación de estar presente se extendía a cualquier parte del término municipal se aficionaban a la caza u otras actividades cinegéticas, a las partidas de cartas o dominó, o eran asiduos del bar. El ser llamados de noche o recibir un aviso a deshora era siempre tomado con mal humor y casi como un ataque personal, y no toleraban las guardias.

Es preciso aclarar que antes de la integración, y donde no existía un edificio público dedicado a centro sanitario, generalmente la consulta se pasaba en la casa del Médico y las guardias eran localizadas, teniendo que acudir los vecinos a casa del Médico a avisarle o a enterarse dónde se encontraba.

Si en el mismo municipio existían varios médicos con perfiles diferentes, la relación entre ellos podía deteriorarse si no había una buena comunicación, cosa que era algo casi imposible. Generalmente el Médico implicado era más altruista, más desinteresado y más dispuesto a la colaboración que el no implicado. Por lo tanto era más protagonista y mejor líder. A los celos a este liderato se añadían las pérdidas económicas que sufría el no implicado en su consulta privada o en sus igualas, por lo que se empeoraba la relación.

Todo lo anterior que pensábamos que iba a desaparecer con la integración del personal en los Equipos de Atención Primaria, no sucedió, al menos en las zonas rurales de algunas comunidades autónomas. Si a las características diferenciales en cuanto a implicación se refieren añadimos las de forzar la integración, es fácil deducir el resultado. Si añadimos que en muchos casos la integración forzosa se acompañó de expedientes disciplinarios abiertos por gerentes desconocedores de la realidad por no haber trabajado nunca como médicos en nuestro medio rural podemos comprender mejor la herida con la que nació la Reforma, que ha ido aumentando paulatinamente con el tiempo conforme se han ido aumentando el número de burócratas (cargos intermedios) y disminuyendo el personal sanitario en los Centros de Salud.

La importante inversión hecha para llevar a cabo la Reforma, el entusiasmo primitivo de todos, las expectativas de poner a la Atención Primaria como Base del Sistema Sanitario, se están desvaneciendo a marchas agigantadas por el desconocimiento que tiene la Administración de lo que está ocurriendo en las bases, y de los sentimientos de los que trabajamos al pie del cañón. Si no se pone solución rápidamente a esa situación, como observador y conocedor viejo, auguro un desplome de todo el Sistema Nacional de Salud en corto periodo de tiempo.

Si sirve para algo, quisiera aportar a vuela pluma algunas propuestas de soluciones que podrían paliar algo los problemas detectados:

  1. Aumentar la motivación de los profesionales. Hacerles sentirse miembros de la empresa y partícipes de los objetivos y los logros.
  2. Conseguir un mayor grado de autonomía en los Equipos de Atención Primaria Rurales. No es difícil dirigir estos equipos cuando todos los componentes se sienten partícipes de la organización, se reparten las cargas de trabajo y manejan sus propios presupuestos.
  3. Presupuestos autogestionados.
  4. Desaparición de tanto intermediario (cargos intermedios)
  5. Para aumentar la responsabilidad de los Equipos Autogestionados, tendrían que formarse voluntariamente entre personas afines.
  6. Es fundamental tener en cuenta la realidad de la dispersión geográfica y dar un tratamiento distinto a las Zonas Básicas de Salud Rurales que a las Urbanas.
  7. Potenciar la relación entre los miembros del Equipo. Tarea difícil ya que los obstáculos, las distancias y el tiempo empleado en recorrerlas sigue siendo el mismo ahora que antes de la Reforma. Para ello nos tenemos que ayudar de los avances tecnológicos y la accesibilidad de internet.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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