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12 octubre, 2002

El envejecer no implica perder la memoria

Dr. Bernabé Galán Sánchez. Médico de Familia. Fuente Palmera

Es muy común escuchar a las personas que pasan de cierta edad comentar que están perdiendo memoria conforme van pasando los años. Este tópico tan extendido está siendo rebatido por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (INE), gracias a investigaciones recientes.

Estos estudios sugieren que la pérdida de la memoria no es parte del proceso natural de envejecer, y que el mantener la mente activa es la clave para mantener un buen funcionamiento del cerebro. La investigación sugiere que quien no usa su memoria, la pierde. Según el Dr. Andrew Monjan, Director del Programa de Neurobiología del Envejecimiento en el INE "se está cambiando el viejo mito de que cuando envejecemos nos volvemos seniles. Estamos aprendiendo que la demencia y la pérdida de memoria comúnmente asociadas con la edad no son, de hecho, parte del proceso normal de envejecer".

Sin embargo, la realidad es que vemos que algunas personas mayores, aunque no todas, presentan pérdida de memoria. ¿A qué es debido esto? Existen enfermedades que pueden tener efectos negativos sobre las células cerebrales, como puede ser disfunción o muerte celular: infecciones virales, problemas crónicos de insomnio, problemas de alcoholismo y abuso de drogas y desórdenes del cerebro o del sistema nervioso, tales como la enfermedad de Parkinson o un historial de derrames pequeños o accidentes cerebrovasculares. Estas enfermedades tienen mayor probabilidad que el envejecimiento normal de causar esa pérdida de memoria que tanto preocupa a los que van llegando a esa edad límite.

Otro de los mitos que se está refutando en la actualidad es aquel por el que siempre se ha pensado que las células cerebrales estaban contadas, y que la que se perdía no se recuperaba. Sin embargo, como dice la Dra. Molly Wagster, Directora del programa de becas del INE, "nuevas investigaciones en el campo celular nos dicen que las células cerebrales continúan naciendo aún en la etapa adulta".

Las nuevas tecnologías de imágenes - resonancia magnética funcional de la imagen y la tomografía de emisión de positrones - le permiten a los científicos ver por primera vez lo que sucede en el cerebro de un individuo mientras está realizando tareas o procesando información. Incluso, gracias a estos avances, se puede examinar cómo el cerebro de una persona mayor memoriza y recupera información en comparación con la manera en que lo hace el cerebro de una persona joven.

Podríamos resumir este artículo dándole la razón a nuestros abuelos: El secreto de mantener una mente y un cuerpo sanos está en nutrirse correctamente, descansar bien y realizar diariamente ejercicio tanto mental como físico.

10 octubre, 2002

Anorexia y Bulimia: el culto a la imagen puede producir la muerte.

Dr. Bernabé Galán Sánchez. Médico de Familia. Fuente Palmera.


Anorexia y bulimia son dos términos que se escuchan cada día más. Estas palabras nos sugieren ideas de obsesión por no decir esclavitud por el cuerpo, adicción a las dietas, influencia de las modas, etc. Pero no solo se trata de esto. Es algo más complejo y lo que es peor: estas enfermedades también significan la posibilidad de perder la vida por empeñarse en tener un cuerpo delgado.

Estos dos trastornos de la alimentación, que tienen en común el miedo a ganar peso han aumentado en forma preocupante en las últimas décadas, siendo las mujeres, especialmente jóvenes adolescentes, las principales víctimas si bien cada vez se van viendo más hombres con esta problemática en los últimos años.

Podríamos señalar como culpables de estos trastornos a los medios de comunicación que permanentemente están dando unos patrones de belleza envidiables, haciendo parecer que esta y la delgadez son una garantía de éxito y felicidad. Ello hace que se conviertan en una meta a alcanzar para muchos que incluso llegan a sacrificar su salud a cambio de conseguir la ‘silueta’ que la sociedad impone.

Si a este acoso social le añadimos una personalidad inestable, una infancia no del todo feliz, una incomprensión por parte de familiares y amigos, una falta de relación o algún desengaño sentimental, etc., tenemos todos los ingredientes para caer en alguna de estas patologías.

Es importante estar atentos a nuestros hijos para poder detectar la enfermedad en sus primeros síntomas: ambas enfermedades empiezan con una dieta. Esto no quiere decir que todas las personas que se sometan a un régimen de bajas calorías terminen siendo bulímicas o anoréxicas. Pero sí se ve después que las personas que padecen estas enfermedades comenzaron con una dieta y después les vino el pánico a engordar o a recuperar el peso perdido.

Tanto la anorexia como la bulimia tienen síntomas comunes: el miedo a engordar, la preocupación por las comidas, el tener una imagen deformada de su cuerpo, el engaño a los padres y amigos respecto a la alimentación, el culto al cuerpo, el ejercicio intensivo, el aislamiento social y la pérdida autoestima son signos que aparecen en estas enfermedades.

Sin embargo hay características que diferencian una de otra: Por ejemplo, una persona bulímica come en forma compulsiva y a escondidas. Se da los famosos ‘atracones’ en los que ingiere cantidad de comida equivalente a la ingesta diaria de una persona normal (especialmente dulces y alimentos de alto contenido calórico). Luego recurre al vómito o a los laxantes o a ambos para ‘compensar’ el exceso. No come en público, usa ropas sueltas, y utiliza mucho los edulcorantes. Las personas bulímicas tienen problemas con sus piezas dentarias y su peso corporal está en permanente oscilación.

En el caso de las anoréxicas, ‘la autodisciplina’ es rigurosa. Una persona con anorexia se somete a regímenes estrictos que pueden llegar a significar la ingesta de una sola comida por día. Juegan con la comida en el plato y les encanta cocinar para otros. Además tienen una imagen ‘deformada’ de su cuerpo. Siempre se ven ‘gordas’, aún cuando están 20 kilos por debajo de su peso normal. Es más, aún cuando su rostro evidencia que ya no son ‘saludables’, muchas anoréxicas se niegan a aumentar su ración de comida, con el riesgo de morir. La falta de menstruación (amenorrea) es uno los síntomas claves en esta enfermedad. Palidez, sensación permanente de frío y debilidad son otras características de esta enfermedad.

¿Qué puede pasar?

Este tipo de trastorno puede durar muchísimo tiempo si la persona no recibe ayuda médica y psicológica. Cuánto más se prolongue la enfermedad, más se deteriora su salud y la autoestima puede llegar a niveles tan bajos que no descartaría un suicidio. Si no reciben tratamiento a tiempo, estas enfermedades pueden ser mortales.

¿Cómo ayudar?

Raramente una bulímica o una anoréxica admitirán públicamente sus problemas o pedirán ayuda. Si lo hacen, a veces es demasiado tarde. Por eso, la ayuda de la familia y de los amigos es clave en esta problemática, como lo es la consulta a especialistas, que son quienes realmente podrán guiar a los enfermos hacia su curación, que en la mayoría de los casos es posible.

21 septiembre, 2002

Factores dietéticos del cáncer y su prevención

Dr. Bernabé Galán. Médico de Familia. Fuente Palmera

Es un hecho evidente que cada vez son más numerosos los casos de cáncer que se presentan a nuestro alrededor. Rara es la familia a la que no haya sacudido esta enfermedad.

También oímos comentar e incluso nosotros mismos lo hemos pensado alguna vez que la modernidad, el avance, las nuevas tecnologías, la alimentación que tenemos puede que tenga algo que ver en esta creciente “epidemia”. Pocos dudan que la dieta es uno de los factores cruciales en el desarrollo del cáncer. Los diversos estudios que se han realizado sobre este tema, son tajantes y elocuentes: confirman que el 30 % de los canceres son achacables a factores dietéticos. Sin embargo, en los países menos desarrollados, la dieta tiene una importancia algo menor, pues se considera responsable de un 20% de todos los cánceres. ¿Habeis oído el comentario de nuestros mayores acerca de que antiguamente no había tantos cánceres?

En teoría, la dieta sería la segunda causa prevenible del cáncer por detrás del tabaco. ¿Qué conclusiones prácticas deberíamos sacar de toda la investigación acumulada en las últimas décadas sobre las posibles asociaciones entre la dieta y el cáncer? ¿Cómo y qué hay que comer para prevenirlo? Las respuestas que suelen dar los expertos son, a la postre, tan simples y generales, tan poco técnicas si se quiere, que se confunden con las que daría un lego con sentido común.

Hacía falta un buen artículo de revisión que abundara en el tema y aclarara la cuestión. En una revista de prestigio como es The Lancet nos encontramos en su número del 14 de septiembre de 2002 con el título de “Efectos de la dieta sobre el riesgo de padecer cáncer”. La última frase del artículo es la sentencia final de algo que intuíamos y nos da una recomendación definitiva: “Por ahora, lo aconsejable es mantener un peso sano, restringir el consumo de alcohol, y seleccionar una dieta convencionalmente equilibrada que asegure una adecuada ingesta de fruta, vegetales y cereales”. Lo que más nos llama la atención es la invocación a la dieta convencional y tradicional, como reconociendo que el equilibrio dietético es un asunto de sabiduría popular, que antes (hasta la segunda mitad del siglo XX, según se especifica en el artículo) se comía de forma más equilibrada, y que las frutas, los vegetales y los cereales son la sota, el caballo y el rey de una dieta sana que, probablemente, previene el cáncer.

Entrando algo más en detalles de este trabajo realizado por la Unidad de Epidemiología de la Universidad de Oxford (Reino Unido), añade que la obesidad aumenta el riesgo de cáncer de esófago, colon y recto, mama, endometrio y riñón, y que el alcohol causa cáncer en la cavidad oral, faringe, laringe, esófago e hígado, y aumenta ligeramente el riesgo de cáncer de mama. Tras reconocer las dificultades metodológicas y la escasa fiabilidad de las estimaciones de la ingesta de nutrientes, aseguran que en 30 años de investigación se han establecido muchas hipótesis y muy pocos determinantes dietéticos del cáncer, incluso para los colorrectales, contra lo que muchos piensan. ¿Y que hay de la fibra, la carne y las vitaminas? Pues, de momento, hipótesis.

13 septiembre, 2002

Consejos a las embarazadas


Dr. Bernabé Galán. Médico de Familia. Fuente Palmera

Cuando esperamos un hijo, la ilusión con que se viven los momentos y los deseos de que todo vaya bien y nazca un bebé hermoso y sano se encuentran a veces con algunas incertidumbres que nos inquietan y que llevan a hacerse algunas preguntas. El presente artículo escrito como si fuese una entrevista puede servir para aclarar algunas de estas cuestiones:

¿Qué debo comer?

Deberá comer alimentos variados en los que predominen los naturales y frescos y abundante leche. La base principal de la dieta la constituyen: fruta, verdura, pan, cereales, arroz, pasta, carne, pescado, judías, huevos y alimentos lácteos (leche, yogur y queso) bajos en grasas. La carne debe tomarse muy cocida.
Intente evitar los caramelos, bebidas gaseosas y limitar al máximo los productos de pastelería, bollerías y precocinados.
No tome más de dos cafés al día.

¿Qué debo hacer si tengo náuseas y vómitos?

Algunas mujeres presentan náuseas y vómitos cuando están embarazadas. Suelen ser más frecuentes por la mañana, aunque en ocasiones pueden presentarse a lo largo del día. Normalmente son más comunes en las fases precoces del embarazo, tienden a disminuir según avanza éste y suelen desaparecer en el segundo trimestre. No afectan a su hijo.
Puede ser útil:
- Comer pequeñas cantidades a lo largo del día, de tal manera que nunca esté demasiado llena ni con demasiada hambre.
- Evitar los alimentos ricos en grasa.
- Tomar una alimentación rica en carbohidratos (arroz blanco, tostadas, patatas).
- Comer galletas saladas y otros alimentos similares cuando tenga náuseas.
- Tomar postres de gelatina, helados de sabores, caldo de carne, infusiones azucaradas descafeinadas.
- Debe evitar: alimentos cocinados con grasas o carnes grasas, mantequilla, margarina o salsas, mahonesa, alimentos ácidos (frutas cítricas y tomates), alimentos fritos y alimentos condimentados.

¿Qué debo hacer si tengo gases y ardores?

Si tiene gases o diarrea después de comer o beber productos lácteos, evite comer productos que contengan lactosa.
Si tiene ardores después de las comidas, procure comer menos cantidad y más a menudo.

¿Cuánto peso debo ganar?

Entre 9 y 11 kg en mujeres de peso normal, hasta 12 kg en delgadas y no debe sobrepasar los 7 kg en mujeres con más del 20% de sobrepeso.
En el primer trimestre el aumento de peso debe estar comprendido entre 900 y 1.800 g y hasta 300-400 g semanales después.


¿Puedo tomar cualquier tipo de medicamento?

No debe tomar ningún fármaco por "sencillo" que le parezca sin antes consultar a su médico de cabecera.
Es posible que durante el embarazo su médico le prescriba un suplemento de hierro, porque durante este período las necesidades de este elemento están muy aumentadas. También le recomendará tomar ácido fólico, con el fin de disminuir el riesgo de que su bebé tenga defectos en la médula espinal.

¿Puedo seguir fumando y/o bebiendo alcohol?


Debe abandonar el hábito del tabaco. Fumar en el embarazo puede dar lugar a que su hijo nazca con poco peso. Por otra parte, son más frecuentes los abortos espontáneos en las mujeres fumadoras.
Lo mismo debe hacer con el alcohol. Las mujeres embarazadas que beben bastante alcohol tienen también con mayor frecuencia abortos espontáneos e incluso su hijo puede nacer con serios problemas de salud.

¿Cómo deben ser mis hábitos higiénicos?

Es muy importante que cuide su boca, ya que durante este período son muy frecuentes las caries.
Aunque pueda bañarse o ducharse según prefiera, en el último mes es aconsejable la ducha.
Procure también darse masajes en sus mamas, para prepararlas para la lactancia.


¿Y respecto al descanso y ejercicio?

Es conveniente que duerma entre 8 y 10 horas diarias. Si practica un deporte que requiere gran desgaste físico debe abandonarlo; sin embargo, puede hacer gimnasia (sobre todo la de preparación al parto) y caminar, que es muy recomendable.

¿Qué ropa y calzado puedo utilizar?

Debe utilizar ropa cómoda que no oprima el cuerpo. Los zapatos no deben ser muy altos para evitar caídas. Las fajas pueden beneficiarle si ya ha tenido más de tres embarazos.

¿Puedo viajar?

El mejor período para viajar es entre el cuarto y séptimo mes de gestación. Se debe procurar que los trayectos sean cortos (no más de 2 horas), y si lo hace en automóvil, debe colocar el cinturón de seguridad por debajo del abdomen.

¿Puedo mantener relaciones sexuales?
Sí, a no ser que éstas le provoquen hemorragias o contracciones.

¿Y trabajar?

Normalmente sí, excepto si está en contacto con productos tóxicos o tenga que permanecer en pie o caminando muchas horas. En este caso habría que valorar su situación.

¿Algo más?

Debe evitar el contacto con gatos.

25 abril, 2002

LA PERDURABILIDAD DE UNOS SUPOSITORIOS

La necesidad de muchas personas, la ignorancia, el retraso cultural, la diferencia social y el deseo de ayudarlos, son algunos de los aliños que condimentan el mantenimiento de la juventud en algunos médicos rurales, a pesar de ir cumpliendo años en el mismo medio.
En una ocasión, siendo muy joven (en años) quien escribe estas líneas, se le presentó en la consulta un señor a quien conocía por ser vecino, pero que jamás había necesitado mis servicios desde que me encontraba en aquel pueblo cordobés. Se quejaba de un dolor en la rodilla derecha, que le había aparecido hacía unos meses, pero que ya le estaba molestando todos los días y quería dejar de tenerlo. Lo exploré, no encontrando nada que lo justificara que no fuera un proceso artrósico debido a las características personales del paciente.
Le prescribí unos supositorios y le comenté que seguro que mejoraría.
Había pasado casi un año, cuando volvió por la consulta a solicitarme una nueva receta para repetir los supositorios aquellos que le prescribí, ya que le habían sentado muy bien. Extrañado, le comenté que de aquello hacía mucho tiempo y que no recordaba de qué medicamento se trataba, que para ello me tendría que traer la última caja que tuviese en casa, pensando que las había ido comprando sin receta de la Seguridad Social. Mayor fue mi sorpresa cuando me comentó que no había gastado nada más que una caja en todo el año. Pero mi estupefacción llegó al clímax cuando añadió que se había puesto diariamente uno por la mañana y otro por la noche. No sirvió de nada que le explicara que si la caja tenía diez supositorios, y se ponía dos cada día, la caja solo le podía durar cinco días, y que por lo tanto si el había hecho el tratamiento ininterrumpidamente durante casi un año, hubiese necesitado SETENTA Y TRES CAJAS.
Mi capacidad de asombro se puso a prueba cuando tajantemente me dijo:
- Doctor, yo me ponía el supositorio y me hacía efecto, pero luego al ir al cuarto de baño a defecar, salía entero y me daba lástima desperdiciarlo. Así que lo lavaba y me servía para la siguiente vez.
A partir de ahí comprendí todo: No le hubiera hecho falta ninguna medicina para aliviar su dolor. Algunos compañeros recordarán que antes de la era del plástico, se utilizaba para envolver los supositorios el papel plata y se introducían en frasquitos de vidrio de dos en dos. Nuestro amigo se los ponía con envoltorio incluido, y evidentemente los expulsaba enteros.

27 noviembre, 2001

Opiniones acerca de la pena de muerte

Dr. Bernabé Galán Sánchez
Presidente de la Comisión de Ética y Deontología Médicas
Iltre. Colegio Oficial de Médicos de la Provincia

He leído recientemente un artículo en una edición electrónica de Doyma, titulado “El color de la bata blanca”, cuyo autor Gonzalo Cansino, hace unas reflexiones acerca de una encuesta realizada a médicos de Estados Unidos sobre su consentimiento hacia la pena de muerte. Por su interés y actualidad permanente para nosotros que, por formación y convicción, luchamos cada segundo de nuestra vida contra la muerte, he intentado resumir y plasmar en nuestro boletín lo que aquel artículo comenta.

Aunque el título habla del color de nuestra bata, supongo que la noticia si se ha difundido, que supongo que sí, en EE.UU. habrá salido de distintas maneras en los medios de comunicación pero siempre alrededor del dato espeluznante de que “cuatro de cada 10 médicos de EE UU estaría dispuesto a colaborar en la ejecución de un condenado a muerte con una inyección letal”.

Esta cifra ha sido recogida de la encuesta que se publica en el último número de los Annals of Internal Medicine 1 con el título de “Physicians' Willingness To Participate in the Process of Lethal Injection for Capital Punishment”. Es preciso aclarar que no han influido para nada en los resultados los fatídicos acontecimientos del pasado once de septiembre, ya que la opinión se recogió antes de esa fecha, exactamente fue remitida en 1999 a 1.000 médicos de EE UU seleccionados al azar, con el propósito de valorar su predisposición a participar en una decena de aspectos relacionados con la administración de una inyección letal a un condenado a muerte. Ocho de estas acciones están expresamente prohibidas por las directrices de la American Medical Assocation y TODAS ELLAS contravienen el espíritu del juramento hipocrático y el principio máximo del “Primum non nocere”. De las mil encuestas enviadas, recibieron respuesta de 413 médicos, de los que el 41% reconocía que llevaría a cabo al menos una de las acciones y el 25% estaría dispuesto a realizar por lo menos cinco acciones no permitidas. Sólo un 3% de los encuestados parecía conocer los límites competenciales que marcan los códigos éticos profesionales.

Leyendo el artículo se me venía a la memoria la película de García Berlanga, “El verdugo” en la que el inolvidable Pepe Isbert interpretaba magníficamente su papel ejecutando a garrote vil a los condenados a muerte porque era su obligación.

Es conocida, según ese artículo, la indulgencia con la que los médicos americanos tratan a sus compañeros de prisiones. Pero el caso que nos ocupa llega a ser espeluznante, ya que al ser preguntados si ellos mismos colaborarían preparando e inyectando una sustancia letal a un condenado, gran parte de ellos comenta afirmativamente estando dispuestos a hacerlo.

Esta cifra nos debe llevar a reflexionar a nosotros mismos acerca de qué haríamos o mejor qué contestaríamos si nos hicieran la misma pregunta. Una cosa es la respuesta que demos y otra la realidad llegado el caso de tener que aplicar la inyección letal. Una cosa es certificar la muerte de un ajusticiado o prescribirle ansiolíticos mientras espera su hora final y otra muy distinta es participar en la muerte de una persona aunque la dicten las leyes, por ser contraria al Juramento Hipocrático y a nuestras normas éticas y deontológicas. Llegados a este punto es preciso clarificar nuestro Código de Ética y Deontología Médica actualizado en 1999, ya que en el artículo 27.3 explicita que “ningún médico provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa de este.”, en el artículo 30.1 dice que “... jamás debe participar, secundar o admitir actos de tortura o de malos tratos...”, pero no nos aclara el punto origen de este artículo, aunque en nuestro país no exista la pena capital. Como conclusión podemos afirmar con los autores que hay una gran confusión en los médicos americanos “entre lo que son sus competencias profesionales y sus opiniones personales, entre lo que es ser un médico y un partidario de la pena de muerte”, y que estas dudas deberían quedar bien disipadas mediante una mejor formación en los aspectos éticos de nuestro ejercicio profesional.

1. Neil J. Farber, MD; Brian M. Aboff, MD; Joan Weiner, PhD; Elizabeth B. Davis, PhD; E. Gil Boyer, EdD; and Peter A. Ubel, MD. Physicians' Willingness To Participate in the Process of Lethal Injection for Capital Punishment. Ann Intern Med. 2001;135:884-888.

25 septiembre, 2001

El Colesterol

Dr. Bernabé Galán. Medico de Familia. Fuente Palmera

Desde hace unos años, la palabra colesterol entra dentro de la jerga común de los españoles. Raro es el día que no la oímos o la pronunciamos, casi siempre en relación al estado de salud de alguien o el propio. Podemos decir que este vocablo amenaza a muchas personas, les inquieta e incluso les ha hecho a mas de uno cambiar sus hábitos de vida, sus actitudes, su manera de relacionarse, etc.

El miedo que se tiene a las grasas, los lípidos o al colesterol puede crear ansiedad si no se sabe a qué es a lo que hay que temer.

Los lípidos son un componente fundamental de nuestro organismo, ya que forman parte de la estructura de las membranas celulares, son una fuente de energía para nuestro cuerpo, algunos son precursores de hormonas o vitaminas y también porque forman parte de las vainas de los nervios

A veces oímos decir que no se puede abusar de las grasas saturadas y que hay que tomar las insaturadas. Esto puede armarnos un gran lío. Sin embargo, los lípidos son un componente fundamental de nuestro organismo, formando la pared de las células. Por eso, en este artículo vamos a hablar de las grasas y sus distintos tipos, y en que alimentos se suelen encontrar.

Hay distintos tipos:
1. Ácidos grasos que pueden ser:
- Saturados. De origen animal como el cerdo, el cordero, los fiambres, el tocino, la mantequilla, los quesos grasos y la nata.
- Insaturados: presentes en el pollo sin piel, los pescados
- Monoinsaturados: del aceite de oliva
- Poliinsaturados: de origen vegetal como los aceites vegetales vírgenes (sin calentar), los frutos secos y los aguacates.
2. Acilglicéridos: monoglicéridos, triglicéridos etc
3. Colesterol. Típico de la yema de los huevos, los sesos, menudillos, mariscos
4.Otros: fosfolípidos, esfingolípidos.

El problema es que también participan en el proceso de la arteriosclerosis. Lo fundamental es que exista un equilibrio entre todas las variantes, favoreciéndose los lípidos menos predispuestos a la arteriosclerosis (menos aterógenos).

Además de los lípidos, hay que considerar las proteínas que los transportan (lipoproteínas) y los hacen solubles en sangre. Su desequilibrio también puede favorecer la arteriosclerosis. Las lipoproteínas son grandes moléculas que envuelven a los lípidos insolubles y los transportan desde el intestino al hígado y desde el hígado a los tejidos. Se clasifican en función de los lípidos que transportan y de su densidad.

Los quilomicrones son los más pesados transportan la grasa que comemos desde el intestino al hígado. En el hígado se transforman en distintos tipos VLDL, IDL, LDL y finalmente las HDL captan el colesterol depositado en los tejidos y lo lleva al hígado donde se reutiliza o se elimina en la bilis. El colesterol es más aterógeno cuando va unido a unas lipoproteínas que a otras.

Es conveniente, por todo ello, que la dieta tenga una composición equilibrada. Se recomienda que las grasas aporten del 20-30 % del total de calorías del día. La mitad pueden ser grasas saturadas, una cuarta parte o más monoinsaturadas y otra cuarta poliinsaturadas.

El valor del vínculo en la Medicina Rural, por el Dr. D. Angel López Hernanz, médico de Cañada Rosal (Sevilla)

 Este artículo publicado en Redacción Médica el pasado 21 de Septiembre e 2025, cuenta con todo mi apoyo y estoy totalmente de acuerdo con t...

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